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Él Ha Vencido
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Fotografía: Lee Torrens
La escena sucede en el aposento alto. Jesús y sus discípulos están compartiendo una cena simbólica en honor a la Pascua. Queriendo demostrarles Su gran amor por ellos, Jesús se pone de pie para tomar el rol de siervo. Se arrodilla y comienza a lavar los pies polvorientos de los discípulos.

Sólo Jesús sabe que esa será la última noche juntos. Se siente impulsado a hablar con ellos porque ya no le queda mucho tiempo. Así que los alienta, los instruye y les dice aquellas animadoras palabras finales: “‘En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo’” (Juan 16:33).

Jesús sabía que los discípulos enfrentarían problemas. Aquella misma noche, Pedro lo negaría tres veces. Los demás se dispersarían y se esconderían por el temor de ser asociados con Él. Luego enfrentarían persecusiones –y, algunos, la muerte como mártires– por haber llevado adelante Su misión.

Jesús tiene un importante mensaje para ellos: A través de su muerte, ¡Él vencerá al más grande enemigo de una vez por todas! Y siendo que Él vencería, ellos podrían hacerlo también. Según lo que escribe William Barclay en su libro, Jesús está diciendo: “‘La Victoria que venceré, también puede ser su victoria. El mundo se ensañó conmigo y salí victorioso. La vida puede ensañarse con usted, pero también podrá salir victorioso. Usted también puede experimentar el valor de la conquista de la Cruz.’” 1

Una Promesa

Las últimas palabras de Jesús a sus discípulos son una promesa. Y también son nuestra promesa.

¿Está luchando por una adicción o vicio?
“Yo he vencido el mundo.”

¿Sufre, usted, de una enfermedad terminal?
“Yo he vencido el mundo.”

¿Presenta la vida demasiadas tentaciones que hacen que usted tropiece y cometa errores cada día?
“Yo he vencido el mundo.”

¿Ha muerto un ser querido?
“Yo he vencido el mundo.”

Así como Jesús salió victorioso de la tumba, también nosotros podemos salir victoriosos de cada batalla que enfrentemos. Jesús no desea que vivamos una vida de miseria y derrota –siempre perdiendo y jamás ganando. La razón por la cual Él vino a la tierra, vivió entre nosotros y murió, fue para que usted y yo no seamos vencidos, sino vencedores.

La batalla ya ha sido ganada para nosotros. Existe el perdón y la libertad del pecado. Hay vida después de la muerte en la resurrección. Nuestra batalla personal viene a raíz de las decisiones diarias que haremos con la ayuda de Jesús. ¿Caminaremos con Él cada día? ¿Estudiaremos Su Palabra y seguiremos los consejos para vivir de forma correcta? ¿Pediremos Su perdón y nos levantaremos si hemos caído?

No podemos ser victoriosos sin Él. No existe ninguna batalla que no podamos ganar con Su ayuda.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2009 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.

1 Barclay, William. The Gospel of John (El Evangelio de Juan), Volumen 2. The Westminster Press, 1975.


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