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Mi Acompañante
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Fotografía: Dreamstime
No hay semáforos en el pueblo donde nací. Sólo señalizaciones de tránsito. En esta etapa de mi vida, vivo en las afueras de una de las metrópolis más pobladas de los Estados Unidos.

Debido a que crecí rodeada de calles sin mucho tráfico, las autopistas, carreteras con peaje y las intersecciones tienden a causarme más estrés que el de alguien acostumbrado a la vida de ciudad. Aprender a estacionar el vehículo en forma paralela y entre conos, y mantenerme en mi carrilera ¡fueron mis grandes dilemas cuando aprendí a conducir!

Ahora, cuando necesito guiar por una autopista programo mi GPS de manera de asegurarme de llegar a tiempo y a mi destino. Cuando la voz de la cajita me dice que debo “permanecer a la derecha”, a veces tengo que escoger entre cinco carrileras con motos, camiones –grandes y pequeños–, buses y carros a mi alrededor.

De algún modo, me sentía nerviosa debido al control médico que tendría dentro de poco, añadiendo el hecho que esa oficina en particular está ubicada en la misma ciudad, en el distrito del hospital, y aquello estaba fuera del territorio que yo conocía.

Encendí la radio para tener compañía. ¿Puede creer que las primeras palabras que escuché del cantante fueron “no temas”? Sucedió tan rápidamente como lo cuento. No conocía ni el nombre del cantante, ni el título de la canción. Lo único que sabía era que se trataba de una radio de música cristiana.

Razón Adicional para Tranquilizarme

La segunda canción me dio una razón adicional para detenerme. Incluía las palabras “confía en mí” y hablaba de tranquilizarse y de depositar nuestras preocupaciones en Aquel que estará con nosotros en nuestras aflicciones.

No cerré mis ojos mientras conducía; pero hice una oración silenciosa a mi Padre Celestial, agradeciéndole por enviarme mensajes que Él solamente sabía que necesitaba.

Llegué a mi destino, anoté mi nombre en la lista de pacientes, pagué mi parte del seguro médico y me dijeron que pronto me vería el doctor (he llegado a comprender que eso es bastante relativo).

Cuarenta y cinco minutos después la enfermera me llamó, me pesó y me tomó la presión. Luego me llevaron a otro cuarto sin ventanas y sin nada atrayente para mí. La enfermera me dijo: “Él estará con usted en un minuto” (me he dado cuenta que ese también es otro término muy relativo).

Durante el tiempo que esperé la llegada del doctor, leí. El minuto del cual habló la enfermera resultó ser el tiempo suficiente para leer tres capítulos de mi libro. Y entonces, sucedió otra vez. Sentí de nuevo una oleada de nerviosismo. Estaba sola en una habitación muy desinfectada, cuando las palabras que escuché en la radio volvieron a mí: “No temas. Confía en Mí”.

No estaba sola. El Pacificador estuvo allí todo el tiempo. Sólo necesitaba ajustar mi enfoque.

“El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” (Hebreos 13:6).

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By Carole Kilcher. Copyright © 2012 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines. Scripture taken from the NEW INTERNATIONAL VERSION ®.


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