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La Cinta Roja
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Fotografía: Matt Park
Dentro de mi caja de recuerdos de la infancia hay una cinta roja. No la tengo allí por su valor monetario o sentimental. La tengo por la invaluable lección que me enseñó.

Cuando cursaba el primer grado en la escuela, me inscribí para correr las 50 yardas durante un programa especial. Al prepararme para la carrera, le pedí a mi hermano mayor que me entrenara y me tomara el tiempo de demora. Me alimenté bien y dormí estupendamente. Mi objetivo era ganar –traer a casa la cinta azul y colgarla en la pared de mi dormitorio.

Me ubiqué en la línea de partida en aquella mañana soleada. Mi madre estaba al lado derecho mío, donde se situaban los demás padres, estudiantes y maestros. Y a mi lado izquierdo, junto a los otros corredores, estaba mi rival –Sandy. Era rápida, y yo lo sabía.

“En sus marcas,” gritó el juez, “prepararse…¡FUERA!” Salí corriendo tan rápido como pude con mis piernecitas de estudiante de primer grado. Cerca de la meta me di cuenta que yo iba a la delantera. Di un rápido vistazo para ver dónde venía Sandy. Estaba a unas pulgadas detrás de mí, con su pelo negro volando al viento.

Honestamente, no sé quién cruzó la meta primero –Sandy o yo. Los juices discutieron por un momento y luego uno de ellos fue donde estaba Sandy, le levantó el brazo, y dijo: “¡Aquí está la ganadora del primer lugar!” Recibió la cinta azul… y yo me llevé la cinta roja a casa.

Comienzo

Ese fue el comienzo de muchos eventos en los cuales no llegaría en primer lugar: no obtuvimos el primer lugar cuando nuestro trío cantó para el programa de talentos en la escuela secundaria –obtuvimos el tercer lugar. No llegué primero cuando me sentí atraída por un estudiante de primer año en la universidad – me dijo que se estaba decidiendo entre una estudiante de segundo año, y yo– escogió a la otra chica. Y no llegué en primer lugar cuando presenté mi solicitud para mi trabajo soñado luego de graduarme –otra persona lo tomó y tuve que esperar tres años para tener nuevamente esa oportunidad.

Pero, ¿sabe qué? Sobreviví a esas desilusiones y también a otras. Mirando hacia atrás veo cómo esas situaciones me ayudaron a convertirme en una mejor persona. ¿Quién dice que nosotros siempre tenemos que ser los primeros? ¿O el ser primeros, es siempre lo mejor? De hecho, la Biblia habla de otro tipo de ganancia.

Pareciera que el cielo tiene un punto de vista diferente a estar en primer lugar. Jesús dijo en Mateo 19:28-30 que el que se sacrifica aquí en la tierra para seguirlo a Él, recibirá cien veces más en el reino de Dios –¡además de la vida eterna!  Luego, agrega: “Pero muchos de los primeros serán últimos, y muchos de los últimos serán primeros.” ¿El último será el primero? ¿Cómo puede ser? Porque el reino de Dios es diferente a la tierra. Porque seguir a Jesús y hacer los sacrificios que se requieren tal vez sea lo que el mundo considera como el primer lugar.

¡Pero la cinta azul está en el cielo!

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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