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Los Niños Dicen Cosas
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Fotografia: Dreamstime
P: Nuestro hijo de casi cuatro años de edad nos dice cosas desagradables.
Anoche, por ejemplo, cuando mi marido le leía un cuento, le dijo: “Ya no te quiero, papá, y quiero que te vayas de nuestra casa.” No sabemos de dónde saca esas cosas. Le hemos explicado que comentarios de ese tipo hieren a las personas, pero parece darle lo mismo. Incluso lo enviamos a su cuarto por 20 minutos y, para que lo dejemos salir, nos promete decir sólo cosas agradables, pero los comentarios desatinados siguen saliendo de su boca. ¿Debemos castigarlo como hasta ahora, o ignorar ésto? 

R: Tomemos los temas uno a uno. Primero, ustedes no saben de dónde el niño sacó esta forma tan desagradable de hablar. ¿De dónde saca un niñito que nunca ha estado en una guardería infantil algo como “tú no eres mi jefe”? Los niños a veces piensan por sí solos y una de las cosas del tema en cuestión, es atribuir que no somos más que seres humanos –egocéntricos, obstinados, voluntariosos e, incluso, perversos.

Segundo, tal vez haya tenido éxito en conseguir que comprenda que ciertos comentarios suyos hieren los sentimientos de los demás. Tal vez él ya lo sepa, pero aún sabiéndolo tal vez siga haciendo “comentarios desagradables” porque le son más entretenidos.

Norteamérica se cayó en los años 1960 en cuanto a la crianza de los niños en la tierra del la-la-la, y desde entonces hemos estado atascados en ese patrón. Parte del la-la-la tiene que ver con la creencia que toda conducta del niño puede ser explicada a través de mecanismos psicológicos pero, de hecho, algunas conductas son “así nomás”. La otra parte del la-la-la es la noción de que los niños son intrínsicamente buenos, cuando la evidencia sugiere otra cosa. Usted no debe enseñar lo malo. Debe enseñar lo bueno y, a veces, aunque usted lo enseñe, lo malo continúa persistiendo.

En el pasado los padres responsables tomaron la crianza de los niños en forma seria, pero la de sus hijos la realizaron con un grano de sal proverbial. Hoy, los padres responsables toman la crianza de ambos niños –los demás y sus hijos–, en forma muy, muy seria. Como resultado, la complacencia ha drenado la crianza paternal.

Así que si un niño dice algo completamente ridículo, como “ya no te amo, papá”, los padres de hoy se ponen ansiosos en forma instantánea. Hablan con el niño porque piensan que una conversación apropiada resolverá todos los problemas. Yo la llamo la disciplina del “ta-ra-ra-rá”. De repente, el niño se siente a cargo del control de la familia. El principio del “poder corruptor” se hace presente y el problema se empeora, lo que tiene como resultado una reacción exagerada de parte de los padres y, sin pérdida de tiempo, se transforma en una montaña donde podría haber una pequeña colina.

La próxima vez que usted tenga la oportunidad de responder ante un comentario desagradable, intente decir algo como esto: “Ah, sí, ¡mañana me voy! ¡Mañana mismo! Voy a edidficar un hotel sólo para mí y haré que parezca un castillo, porque siempre he querido vivir en un castillo donde yo sea el rey. Y cuando sea el rey de mi propio castillo, puedes venir a verme, y asistir a mi fiesta de cumpleaños. Habrá payasos y caballos e, incluso, heffaloomps (criatura ficticia parecida al elefante, mencionada en las historias Winnie the Pooh del autor A. A. Milne*). ¿No será divertido?

Para entonces ya el niño probablemente estará sonriendo. Entonces es cuando usted le da el besito de las buenas noches y lo deja irse a su habitación. Y todos dormirán bien esa noche.

(*Nota de la traductora).

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times (Señales de los Tiempos) Septiembre 2008. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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