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El Gorrioncito
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Fotografía: Nadya Markova
Era casi las 12:20 del mediodía en el reloj de la cocina cuando miré la cantidad de limones que tenía nuestro árbol en el patio. Entonces, vi caer desde el cielo a un gorrión. “¿Será posible?” –me dije, en asombro.

Llamé a “Panchita” –así le digo a Francisca, mi hija menor–. Quería que lo viera. El pajarito no podía volar. Al parecer, estaba herido.

Juntos le construimos una pequeña jaula. No queríamos que lo molestaran los gatos de nuestros vecinos. Mi hijita estaba entusiasmada y observaba todo con sus grandes ojos negros, sin pestañear. Para no deprimirla, no le dije lo que mi corazón presentía: “¿Podría sobrevivir aquel gorrioncito?”

A nuestra inesperada “visita” le llevamos un poco de lechuga, un trozo de papa cocida y algunas semillas que comenzó a picar haciendo un ruidito que nos causaba mucha risa. Francisca participaba de todo ese ritual, sin perderse ningún detalle.

Me ayudó a curar el ala derecha, que era lo más comprometido que tenía el gorrioncito. El tiempo pasó muy rápido atendiendo a nuestro amiguito con diligencia.

Miles de Preguntas

Aunque estábamos muy entusiasmados, Panchita tenía que ir a la escuela y, yo,  vover a mi trabajo. Así que le dejamos algunas  proviciones de alimento a nuestro huésped. Camino a la escuela, Panchita me hacía miles de preguntas:

–Papito… ¿se irá a morir el gorrioncito? ¿Se comerá todo lo que le dejamos? ¿Y si se va de regreso a su casa?

Yo solamente la calmaba, diciéndole que el gorrioncito estaba feliz con nosotros y que nos estaría esperando cuando regresáramos a casa.

Cerca de las 7:00 de la tarde fui en busca de mi hija, a la escuela que queda a pocas cuadras de nuestra casa. Al volver a nuestro hogar, sentimos algo extraño. Era “nuestro” gorrioncito que hacía ruido por toda la casa.  Estaba con vida y, al parecer, ¡se sentía muy bien!

Panchita estaba feliz, mientras seguía vaciando semillas en la cesta. Y, verla así de amorosa y preocupada por su amiguito nuevo, trajo a  mi mente algo que había leído hace algún tiempo. Qué tranquilizador es saber que Dios conoce nuestras angustias. Él conoce todo sobre nosotros. Si tenemos hambre, si tenemos sed, si estamos heridos, si nos duele el corazón… Tenemos un Dios que nos ama y que se preocupa por nosotros. ¡Se preocupa por cada criatura salida de Sus manos!

Finalmente, le expliqué a Panchita que el hecho de que sintamos compasión por una avecita herida es sólo una muestra de lo que el Señor hace en nuestras vidas al proteger lo que Él creó.

“Dos pajaritos no valen más que una moneda. Sin embargo, ningún pajarito muere sin que Dios, el Padre de ustedes , lo permita. ¡Dios sabe hasta cuántos cabellos tienen ustedes en la cabeza! Pore so, no tengan miedo. Ustedes valen mucho más que todos los pajaritos” (Mateo 10:29-31).

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Por Michael Temple. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones NUEVA VERSION INTERNACIONAL ®.


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