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Los Terribles Dos
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Fotografía: Dreamstime
Si fuera posible decodificar el estallido de actividad que ocurre en el cerebro de un recién nacido al momento de abrir por primera vez sus ojos, el mensaje que enviaría, sería: “¡Ay, ay, ay! ¡Miren lo que acabo de hacer!”

El recién nacido, sin tener otro marco de referencia, se relata a sí mismo sus experiencias tempranas. El mundo empezó a existir cuando él abrió los ojos; por lo tanto, él mismo debe haber creado esa sensación. Él reina sobre todas las cosas que existen por él y debido a él.

Y durante sus primeros 18 a 24 meses de vida, sus padres responden ante él como si esa creencia fuera verdad. Cuando está enojado, envía señales para que lo alimenten y, sus padres lo hacen. Cuando su pañal está mojado, llora y sus padres se lo cambian. Y continúa así. El bebito tira de la cuerda y sus padres, forzosamente, colaboran con él.

Luego, en algún momento durante su segundo año de vida, sus padres se niegan a responder ante cada uno de sus caprichos. Ellos comienzan a demandar que realice ciertas cosas por sí mismo, limitan su libertad y lo hacen esperar por aquellas cosas que desea. Cambian el nombre del juego de “Tú Estás en Control” por el de “Nosotros Estamos en Control”, lo que quita la sensación de seguridad que tenía antes y lo pone furioso.

El Momento más Importante

Los terribles dos, que van desde los 18 a los 36 meses de edad, es quizá el momento más importante en la vida de un niño y, ciertamente, el momento más importante en la relación con sus padres. Y es debido a que durante ese período de tiempo crucial, son establecidos los fundamentos de la autoridad parental.

Para poder determinar que son los padres y no el niño quienes tienen el control, es necesario que el egocentrismo del niño –la base principal de su seguridad–, sea lento, pero efectivamente desmantelado. En su lugar, los padres deberán levantar una fortaleza de autoridad que proteja y provea al niño en todos sus aspectos. Esa fortaleza llega a ser la piedra angular de un nuevo sentido de seguridad, uno basado sobre la premisa de que los padres del niño son las personas más poderosas y capaces del mundo.  En efecto, la tarea de los padres es convencer al niño que se equivocó –que el anillo del poder no le pertenece a él, sino a sus padres.

La ironía de todo esto es que para establecer un sentido de seguridad basado en cómo las cosas son realmente, los padres primero deben hacerlo sentir inseguro. Ahora bien, ningún niño tomará esto en forma fácil. ¡Será una revolución! ¡Una guerra!  Y la guerra es que mientras el niño lucha por seguir manteniendo su seguridad, sus padres lentamente comenzarán a tocar el trofeo con sus dedos.

Si el proceso resulta de la manera debida, alrededor de los tres años de edad, el niño habrá abandonado su egocentrismo y lo habrá reemplazado con el de padre-centrismo. Creerá en la omnipotencia de sus padres, en su capacidad de vivir en un mundo que se ha dado cuenta que no puede controlar por sí mismo. Si el niño percibe que sus padres son poderosos, estos tienen la responsabilidad de actuar de esa forma en la vida. El poder de ellos le otorga seguridad a su existencia y, al hacerlo, le permite crecer en independencia, creatividad y con un sentido de competencia personal.

Es por éso que los terribles dos… ¡son realmente fabulosos!

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, junio 2008. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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