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Exagerando
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Fotografía: Bora Ucak
Mi hijo llamó de la universidad dándonos buenas noticias. Había hecho tan bien un informe escolar que le habían dado créditos extra. Sonaba divertido, especialmente porque ese trabajo lo había irritado bastante. El trabajo parecía trivial y hasta una distracción de la clase en sí. 

“Exageré,” dijo riéndose. Había utilizado aquel término de mí. Cuando me asignan algo que siento que es una pérdida de tiempo, pero que mi jefe desea, yo exagero. Sufro en forma extra para darle el producto terminado de la mejor forma posible. Tales peticiones a menudo ocurren porque el jefe está preocupado que usted sepa tanto como cree que sabe –o como realmente sabe.

Mi informe incluiría cada detalle doloroso posible (en apéndices, para no distraerme del asunto principal). El documento resultante, no dejaría lugar a preguntas.

Mi víctima no podría quejarse de ser sofocado con datos. Arreglo todo de manera que las conclusiones puedan ser sacadas en una revisión del resumen de diez minutos. El asunto es que el material de apoyo también está allí, por lo tanto, puede verse todo el trabajo que realizo.

Mi hijo adoptó la técnica. En vez de hacerlo a la ligera, pensó en todo lo que tenía que preparar. Meticulosa y apropiadamente, citó cada referencia en el informe, inclusive los enlaces utilizados de páginas del internet. Me sentí complacido cuando me dijo que había recibido puntaje extra por citar sus fuentes rigurosamente.

Integridad Académica

Luego, dijo: “El profesor le dijo a la clase que estaba contento que hubiera un estudiante que tomara en serio la integridad académica. Utilizó mi trabajo como ejemplo de lo que debe hacerse, supuestamente. Un grupo de estudiantes copiaron sus informes del internet. El profesor estaba muy enojado.”

De repente me di cuenta que había dejado, sin saberlo, una lección de la enseñanza de los hijos. Cuando le conté a mi familia acerca de cómo había sido mi día, no se me pasó por la mente que estaba dejando un ejemplo para ser emulado. Había sido sólo una conversación trivial en la mesa del comedor.

Si hubiera estado consciente de mi ejemplo, habría sentido más placer en mis capacidades como padre. En vez de ello, lo primero que sentí fue alivio. Había dejado un buen ejemplo, es verdad, pero eso no es lo que se me pide que haga. Sentí alivio porque aquella virtud que él tenía, se había convertido en su propia recompensa.

Me pregunto, además, acerca de los ejemplos que dejan otros padres –los de aquellos estudiantes que habían plageado el trabajo. ¿Habían cometido errores por omisión y jamás discutido acerca de la ética? ¿Se habrían jactado en la mesa del comedor de optar por los atajos fáciles, no dándose cuenta de que serían tomados como ejemplo por sus hijos para hacer lo mismo?

Proverbios 22:6, declara: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.” El ejemplo que dejamos como padres es la instrucción más poderosa de todas –nos demos cuenta de ello, o no.

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Por Mark Lardas. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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