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Sacando la Basura
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Fotografía: Brad Remy
Hoy, mientras andaba en bicicleta por el vecindario, fui saludada por una variedad de olores provenientes de los contenedores de basura. Incluso vi a una mujer aún en camisón botar algo dentro del suyo. Se puede aprender mucho acerca de un hogar observando la basura –algunos vecinos beben grandes cantidades de alcohol, otros tienen muchos envases de gaseosas y cajas de jugo de frutas; algunos sacan sus electrodomésticos viejos y, otros, pareciera que desean deshacerse de muchos artículos para bebé. Usted puede saber qué niño ha estado de cumpleaños recientemente, y la Navidad siempre es interesante en cuanto a esto. Una de las casas es conocida por saltarse los días de recolección y por poner afuera una montaña de basura una vez al mes, llenando toda la acera.

Por lo tanto, he hecho algunos juicios acerca de mis vecinos basados en su basura. Hay bebedores, los demasiado perezosos para sacar la basura, los que lo hacen temprano por la mañana y aquellas criaturas que desgarran las bolsas y la dejan esparcida por la calle.

Generalmente pongo la nuestra en un contenedor con tapa y me despierto temprano los lunes con la obsesión de asegurarme de sacarla antes que llegue el camión recolector. Mi corazón comienza a latir aceleradamente si miro el reloj y me doy cuenta que he dormido más de lo previsto y escucho el ruido del camión acercándose.

Estoy muy agradecida de este servicio, porque la basura no se acumula en el garage, bloqueando la puerta sin permitirle la entrada a mi esposo cada tarde cuando intenta estacionar los vehículos. Más aún, el olor comenzaría a filtrarse finalmente por debajo de la puerta hasta llegar a la casa. Con el calor de Florida, no tomaría muchos días antes de que el olor de nuestra basura inundara nuestra casa.

Basura “Agradable”

Sin embargo, lo que tenemos en común con nuestros vecinos es que todos creamos basura que necesita ser quitada. Y si comienzo a ponerme farisaica acerca de cuán “agradable” es mi basura, lo cierto es que todos la creamos y que huele mal.

Si solamente fuera incitada y me preocupara por llevar mis necesidades del alma ante el Salvador cada mañana –sin perder la oportunidad de acarrear mi basura personal para que la quite y me redima. Él ha prometido: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9). No deseo que mi basura/pecado bloquee la puerta de mi corazón. Jesús me recuerda: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Cuando la basura sea quitada, deje la puerta abierta y cene con Jesús, seré transformada. Tengo la oportunidad de convertirme en la fragancia de la vida para quienes me rodean. “Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para éstos somos olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquéllos, olor de vida que los lleva a la vida. ¿Y quién es competente para semejante tarea?” (2 Corinthians 2:14-16). 

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Por Karen Spruill, M.A. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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