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Gallo, el Amado
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Fotografía: Dreamstime
Aquel día llegué temprano a su local de libros y revistas. Había tenido una mañana agitada en casa. Una esposa apresurada alistándose para no llegar tarde al jardín de infantes donde trabaja cada día y una hija adolescente preguntándome: “Papá, ¿has visto mi corbata azul?
¡No puedo encontrarla! Si no la llevo dirán que no me puse el uniforme… ¡Ay! ¡Se me hace tarde! ¡Papiiiii!”Entonces, corro, ayudo a Margarita y le muestro “dónde” la dejó el día anterior… ¡colgada en la puerta del baño! Luego, le “arreglo” un seudo-almuerzo a mi esposa y ella me responde con una de sus miradas profundas que me enternecen tanto. Me da un beso y me dice, bajito: “Gracias, mi vida… Te amo”.

Un gritado “¡chao, papi!” y el golpe en la puerta de calle me indican que ya mi hija adolescente se fue a la escuela. Todos los días sucede algo parecido. Pero no me quejo. ¡Soy un papá moderno! Nuestros roles se cambian en momentos durante el día, pero también trabajo fuera de casa. ¿Qué habían pensado? ¡Claro que sí! Soy locutor y tengo un programa radial todos los días de 10 a 11 de la mañana. Y me encanta mi oficio.

Estaba Orando

Pero aquel día llegué más temprano que de costumbre al local de libros y revistas de mi amigo Juan. La puerta de entrada estaba semiabierta, de modo que vi y escuché que hablaba… solo. Me equivoqué. No estaba hablando. Estaba orando. No pude dejar de oír lo que decía: “Señor, envía a la tienda a alguien que esté pasando por dificultades financieras y así poder regalarle un libro y de esa forma devolverte una pequeña porción de todo lo que me das a diario… En el nombre de Jesús te lo pido… Amén”.

Luego, me fui… Sin hacer ruido… No quería interrumpir su momento de intimidad con Dios. Sin embargo, aquella era la oración más hermosa que había escuchado en mi vida. Me hizo recordar un libro de la Biblia que leí hace años. Un libro muy pequeño, pero tan grande en contenido. Es 3 Juan y habla de Gallo, el amado. Todos le decían así porque admiraban la bondad de aquel anciano dedicado a hacer el bien a los demás.

A Juan, a mi amigo del local de libros y revistas, yo lo he apodado “Juan, el bondadoso”. No he conocido a otro igual. Y mi oración es que ojalá podamos ser merecedores de un apodo tal. Ir por la vida no sólo recibiendo, sino dando. Y no sólo cosas materiales que desaparecen, sino aquellas que son imperecederas: sonrisas, bondad, alegrías, amistad, lealtad, compañerismo, amor. Ser, de verdad, ejemplos dignos de imitar. En otras palabras… ¡convertirnos en los Gallo Amados de esta época! ¿No le parece, a usted, genial?

“Querido hermano, te comportas fielmente en todo lo que haces por los hermanos, aunque no los conozcas. Delante de la iglesia ellos han dado testimonio de tu amor. Harás bien en ayudarlos a seguir su viaje, como es digno de Dios” (3 Juan 5-6).

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Por Alejandro Oscar González Catalán. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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