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La Fe de un Niño
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Fotografía: Ilya Postnikov
El año que pasé como estudiante misionera en la pequeña isla en forma de herradura llamada Majuro, fue el año en que aprendí acerca de la sencilla fe de un niño marshalés de séptimo grado.

Había estado enseñando de la formación de la isla de coral a un salón repleto de estudiantes de quinto a octavo grado. Con gran entusiasmo, les describí de qué forma los pequeños grupos de coral habían dado forma a los arrecifes sobre las montañas volcánicas bajo el agua. Así, desde un comienzo, las islas referidas apropiadamente como atolones de coral, como Majuro, fueron formadas.

Me di cuenta que los estudiantes llegaban al salón visiblemente molestos. Finalmente, Kurban, el de la cabecita llena de rizos, no pudo aguantar más y se le escapó la pregunta: “¿Ha visto nuestra montaña?”

“No” –admití. “No la he visto.”

“Entonces, ¿cómo sabe que estamos sobre una montaña?”

“Los científicos tienen un equipo especial que utilizan para medir cuán hondo es el océano y…”

“Usted miente” –murmuró Kurban en voz alta.

No Estamos sobre una Montaña

“No estamos sobre una montaña. Todos sabemos que Dios creó nuestra isla. No fueron los montones de coral. Usted no es una buena maestra” –dijo Yosen. “Tal vez deba regresar a North Dakota. Usted enseña sólo tontenrías.”

“Nosotros estamos sobre una isla, no sobre una montaña” –agregó Maryland.

“Es cierto, estamos en una isla que, a su vez, está sobre una montaña que hace aparecer su cabeza de coral por sobre el agu…”

“No estamos sobre una montaña” –argumentó Kurban. “Esta isla es plana. No es una montaña.”

Finalmente, pregunté con exasperación: “Entonces, ¿por qué flota en el agua?”

Sin vacilación, Kurban contestó enfáticamente: “Dios la sostiene en Su mano.”

A través de esas sencillas palabras, aquel niño isleño hizo pedazos todo mi conocimiento. ¿Quién puede argumentar ante una fe así? Sonreí y lentamente, dije: “Tienes razón, Kurban, tienes mucha razón.”

Terminó la lección.

Mis recuerdos brotaron en el tiempo. Había crecido sintiendo temor al agua. ¡Me había tomado tres años pasar la clase de natación para principiantes debido a ese temor! Luego, cuando era una estudiante de segundo año en la universidad, escogí no ir a Sudamérica donde había deseado ir al principio –sino a las islas Marshall, en medio del Pacífico y tendría que volar unas 6.000 millas en avión ¡a través de una interminable extensión sobre el océano! ¡Hablemos de temor! Mi profesor de Matemáticas me había ayudado diciéndome que visualizara a Dios sosteniendo el avión en Sus manos.

Ahora mi estudiante me decía lo mismo y había dado en el blanco.

Dondequiera que vaya, dondequiera que esté, recuerde que Dios lo sostiene en Sus manos. “El Dios sempiterno es tu refugio; por siempre te sostiene entre sus brazos. Expulsará de tu prensencia al enemigo y te ordenará que lo destruyas” (Deuteronomio 33:27).

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Por Sharon Messer. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1995.


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