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Navidad en Tiempos de Guerra
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Fotografía: Dreamstime
Mi abuela Marie era una jovencita durante la Segunda Guerra Mundial, en los tiempos en que Francia fue ocupada por Alemania. Su hogar lo conformaban su madre, su padre y una hermana unos pocos años menor que ella. Mi abuela Marie me contó que eran tiempos difíciles. Nunca tenían suficiente alimento, ni calor durante los meses de invierno… nunca tenían lo suficiente. Pero su familia trató de llevar las cosas lo mejor posible.

Un día, durante la guerra y mientras se acercaba la Navidad, mi abuela y su hermana decidieron conseguir un pequeño arbolito navideño, tradición familiar durante años. Sin embargo, bajo la ocupación alemana, las cosas habían cambiado considerablemente. Los alemanes decidieron que los árboles de Navidad estaban prohibidos. No harían excepciones. Pero los jóvenes –como lo eran abuela y su hermana, a menudo no piensan ni se preocupan por las consecuencias de sus acciones. Así que sin el permiso de sus padres, las chicas fueron al bosque más cercano y cortaron un pequeño pino. Planearon esconder el árbol en el closet de su dormitorio, decorarlo con aquellas figuritas que aún conservaban y ponerlo por la mañana, el mismo día de la Navidad. Si disfrutaban del arbolito navideño sólo por ese corto período de tiempo –razonaron ellas– sus padres, probablemente, no serían demasiado duros con ellas.

Pero los niños hablan y el ejército era muy eficiente en utilizar a las personas como informantes de sus vecindarios, recompensándolos con alimento extra y otros favores cuando actuaban como espías. Y alguien les informó lo que habían hecho mi abuela y su hermana.

Mi abuela me dijo lo asustada que estaba su familia cuando la patrulla alemana llamó a su puerta. Un oficial alemán robusto y con cara de pocos amigos les dijo en francés que estaban allí porque se habían enterado que ellos tenían un árbol de Navidad. “Como ustedes saben,” retumbó la voz del oficial, “los árboles navideños están prohibidos.”

“Nosotros no tenemos un árbol de Navidad,” protestó mi bisabuelo.

“Lo veremos,” dijo el oficial, haciendo a un lado a mi bisabuelo y ordenando a sus soldados inspeccionar la pequeña finca.

Mi abuela y su hermana estaban aterrorizadas. Sabían que su arbolito sería descubierto y no tenían idea de lo que harían los alemanes.

Mis bisabuelos se estremecieron al ver cómo sacaban del closet aquel pequeño ábol Navideño.

“¿Asi que no tenían un árbol de Navidad, ah?” –sonrió burlonamente el oficial alemán.

“¡No lo sabíamos!” –gimió mi bisabuelo. El pobre, se puso a llorar amargamente.

“Es culpa nuestra, Papa,” dijo mi abuela. Volviéndose hacia el oficial alemán, agregó:  “Por favor, nuestros padres no lo sabían. Es culpa mía. ¡Yo soy la culpable!"

Las abofeteó en el Rostro

Mi bisabuelo tomó a mi abuela y a su hermana y las remeció bruscamente. Luego, para lograr impresionar aún más al oficial, las abofeteó en el rostro –algo que nunca había hecho antes.

“Es muy probable que aquel gesto brusco de papá contra nosotras salvaron a nuestra familia de un castigo adicional.”

Más tarde, luego que la patrulla alemana se había ido, mi bisabuelo rompió en lágrimas y se disculpó ante mi abuela y su hermana por haberlas abofeteado.  “Pero deben saber,” –las regañó–, “que así como ustedes, su madre y yo también deseamos un arbolito navideño, pero no nos deben desobedecer. Estamos en tiempos de guerra; debemos obedecer las órdenes alemanas aunque no estemos de acuerdo con ellas. El arbolito de navidad que trajeron a casa nos pudiera haber causado un grave y serio problema.”

Mi abuela Marie y su hermana inclinaron sus cabezas y dijeron: “Sí, Papa. Lo sentimos mucho. No volverá a ocurrir otra vez”. Asi que las hermanas se conformaron con pasar una Navidad sin arbolito. Pero entonces, aún durante tiempos difíciles, aún en tiempos de guerra, todavía hay momentos de bondad y esperanza.

Aquella mañana navideña sorprendió a aquella familia francesa mirando a través de la ventana cómo caían los copos de nieve. Lucía como Navidad. Pero sin árbol.

Entonces, sintieron unos golpecitos en la puerta. Siempre temerosos a ellos durante la guerra, mi bisabuelo fua a abrirla, vacilante. Mientras abría, pudo detectar a través de la nieve los uniformes grises de dos soldados alemanes que se alejaban corriendo.  Y allí, en el umbral de la puerta, un pequeño árbol navideño, decorado con guirnaldas brillantes. Y una nota en francés, que decía: “Feliz Navidad. Nosotros también somos cristianos. Por favor, disfruten de su árbol en este día especial. Y cuando llegue la noche, desháganse de él por la seguridad de todos nosotros.”

Los dos soldados alemanes probablemente pertenecían a la patrulla que confiscó el primer arbolito navideño. Ellos arriesgaron su propia seguridad para traerles otro árbol a las niñas.

Mi abuelita recuerda aquel momento con emoción: “Esa Navidad no tuvimos mucho para compartir. Pero el hecho de que los soldados hubieran arriesgado todo para llevarnos ese árbol, ¡transformó aquella Navidad en la más maravillosa que yo haya tenido jamás!”

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Por Debbie Kyle tal como se lo contó a Tom R. Kovach. Reimpreso con el permiso de
Signs of the Times, Diciembre, 2006. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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