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Una Noche no Tan Buena
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Fotografía: Damir Bayburin
Lo habíamos hecho con mucho agrado, pero con tanto sacrificio. Dinero juntado peso a peso, y todo para entregarle ese tan anhelado regalo navideño a Margarita, nuestra primogénita.

Esa noche era más especial que nunca. Cada uno tenía en sus manos su regalo. Sólo faltaba el de Margarita. Abrió el paquete lentamente, haciendo aun más expectante el momento. Pero su alegría se desvaneció al descubrir que al interior de aquel hermoso paquete… ¡no estaba el iPod que ella tanto deseaba tener! 

Mi esposa y yo no lográbamos entender lo que había ocurrido. Al interior de la caja sólo había un montón de papeles –¡y nada más! Margarita corrió a su cuarto, buscando la respuesta en su almohada, sollozando desconsoladamente.

Entré a la habitación de mi hijita. ¿Cómo consolarla? El regalo que había esperado durante un año y que tanta ilusión le hacía tener, no venía dentro de la caja. Era algo innusual –inexplicable. Pero sucedió. Me senté a su lado y le dije que Dios sabía lo que había ocurrido y que solamente Él tendría la solución para este extraño incidente.

Aquella noche nos dormimos confiando en que todo se solucionaría porque Dios estaba en control de nuestras vidas y Él sabía con cuanto sacrificio habíamos pagado ese iPod… –ese iPod invisible.

Dos días después fui hasta el gran centro comercial. No fue fácil hacerles comprender mi situación a los empleados. Tal vez pensaban que me quería aprovechar de ellos y conseguir salir de esa tienda con otro iPod.

El Gerente de la Tienda

Pedí hablar con el gerente de la tienda y me hicieron esperar toda la mañana. Por fin, se abrió una gran puerta. Una amable señora me hizo pasar a la oficina de su jefe. Me senté frente a él y, para mi asombro, del otro lado del escritorio estaba el gerente más joven que yo había visto jamás. ¡Era casi un niño! Una eterna sonrisa adornaba su rostro. Le conté  la historia del regalo. Me escuchó atentamente. Cuando terminé, se produjo un silencio sepulcral. Luego, con la misma sonrisa que tenía al recibirme, me dijo:

“¿Sabe, señor González? Aquella noche me disfracé de Papá Noel para entregarle los regalos a mis sobrinos pequeños. ¡Jamás olvidaré sus caritas llenas de felicidad! Si me hubiera pasado lo que le ocurrió a usted… ¡me muero! Señor González, la tienda que yo represento le pide disculpas… –a usted, a su hijita y a toda su familia. Sé que no podremos remediar la tristeza que Margarita sintió en Nochebuena, pero dígale en nombre nuestro que venga a buscar el iPod que ella desee… ¡Estaremos felices de atenderla!”

Ya era mediodía cuando volví a casa. Corrí al patio donde se encontraba mi hijita, y le dije con la más grande de mis sonrisas: “¿Te das cuenta, Margarita? Dios siempre está con nosotros –incluso en aquellas situaciones más extrañas. Siempre está dispuesto a ayudarnos… ¡Sólo tenemos que pedírselo! ¿Quieres ir a la tienda?”

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Por Alejandro Gonzalez Catalan. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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