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Una Hermosa Decepción
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Fotografía: Dreamstime
La vida, sin lugar a dudas, puede tomar distintos caminos y vueltas. Sé que es así.

Pensaba en ello cuando asistí a un concierto de música cristiana el pasado fin de semana. El grupo principal había realizado un breve intermedio y mientras esperábamos, invitaron a cantar a otro artista. Fue una enorme sorpresa para los que estábamos en la audiencia comprobar quién era aquel artista… el mismísimo Michael English, un vocalista cristiano. En el año 1994, Michael estaba a la cabeza de la música cristiana, ganando premios, obteniendo los primeros lugares en las radios y realizando conciertos con multitudes de personas. Se encontraba en la cima de la montaña.

Al acomodarme en mi asiento, recordaba al hombre que fue… mientras miraba al hombre que llegó a ser –con más años, más cansado, pero más sabio y más libre– compartiendo la historia que muchos de nosotros conocimos. Michael había atravesado por una situación lamentable en el apogeo mismo de su carrera, e hizo que muchos cristianos se sintieran incómodos. Mientras lo escuchaba, no podía dejar de pensar: “¿Cómo pudimos darle la espalda a uno de nosotros? ¿Lo abandonamos en sus momentos de mayor necesidad?” Lo habíamos elevado a ese pedestal enorme y, cuando cayó, no estuvimos cerca de él. Esta realidad me entristeció tanto porque sentí como si yo misma le hubiera fallado.

Lo Restauró

Las buenas noticias son que Dios es bueno y Su amor nunca falla. Dios lo sacó de todo aquel desastre y lo restauró. Escuché a Michael cantar: “In Christ Alone” (“Sólo en Cristo”), la canción que lo había llevado al estrellato hacía años y podía ver al hombre que creía sinceramente cada palabra que cantaba. Sentí que aquella canción cobraba vida en él.

Aquella noche me di cuenta que tengo tanto que aprender de Michael English. Algunos, quizás, no estén de acuerdo conmigo, pero lo que yo vi aquella noche fue una hermosa manifestación del poder de Dios. Su misión es lograr que las personas vuelvan al redil. Hacer que sus hijos vuelvan a tener una vida plena.

Mi deseo es que podamos ofrecer el mismo perdón que Jesús le otorga a quienes fallan a nuestro alrededor. Somos tan rápidos para juzgar –tan rápidos para señalar con el dedo. Utilizamos las oportunidades para rebajar a las personas, esperando, de algún modo, que eso nos hará sentir mejor. La verdad es que no. Lo que verdaderamente debe traernos gozo, lo que debiera estremecernos de alegría, es lograr que los que se fueron regresen a casa.

Aquella noche me ayudó a ver las cosas desde una perspectiva distinta. Abandoné aquel lugar prometiéndome a mí misma ser el tipo de persona que eleve a los demás, que acoja a los deshechados y alimente a los necesitados que necesitan de una sóla persona que tener un poquito de fe en ellos. No es mucho, pero lo suficiente para lograr que todas esas “hermosas decepciones” sepan que hay un Dios amoroso y que Su amor está vivo en ellos tanto como lo está en mí.

“La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7).

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Por Andrea Torres. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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