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Dinero Perdido
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Fotografía: Dreamstime
Aquel día comencé a imaginar lo que mi esposo y yo haríamos si de repente nos llegara dinero de uno de nuestros padres fallecidos y del que nunca supimos que existiera. Era un anuncio que había leído muchas veces, pero al que jamás le había puesto atención. El anuncio promovía la necesidad de los ciudadanos de verificar un sitio en el internet para saber si algún dinero no reclamado sería suyo. Debido a que me he cambiado de domicilio más de una vez durante mi matrimonio, pensé que existía la posibilidad de que alguien no tuviera nuestra dirección. 

Me senté frente al computador y accesé el sitio The National Association of Unclaimed Property Administrator, www.missingmoney.com para seguir sus instrucciones. Pensé que con toda seguridad alguno de los $32.8 billones de dólares en acciones, dividendos, seguros de vida, depósitos de cuentas y otro tipo de dinero no reclamado, ¡sería mío!

Primero, escribí los nombres de nuestros difuntos padres de los cuales mi marido y yo seríamos herederos legales. Fue emocionante ver mis dos nombres en la lista –el de soltera y el de casada. El asunto es que ninguno de ellos ni las direcciones donde he vivido concordaba con los datos de mis familiares.

Luego, decidí poner el nombre de mi esposo y llené los espacios en blanco. El resultado fue más de lo mismo –no coincidía.

Varios meses más tarde, mi marido recibió un aviso por correo informándole que necesitaba ir a un banco de California y reclamar un Certificado de Depósito (CD) que pertenecía a mi difunto suegro. El aviso decía que si no había reclamo del dinero, sería entregado a la oficina de Administración del Estado de California.

¿Herencia?

Inmediatamente comenzamos a especular con lo que estaríamos heredando. Es lógico que yo no haya encontrado ese dinero durante mi búsqueda a través del internet debido a que el Certificado de Depósito no había sido enviado aún al estado. Dimos gracias al Señor por esa sorpresa maravillosa.

La llamada que hicimos al banco nos impactó. Fue una gran sorpresa. La cantidad que se había acumulado en un mes era de cinco centavos. El empleado bancario también lo dudó. Verificó los datos por segunda vez. Los regristros del banco demostraron que los cinco centavos era la cantidad de intereses que no había sido acreditada a la cuenta en el momento que el CD había sido cambiado.

¿Me puse codiciosa? ¿Logró alcanzarme la ambición del mundo por ser ricos?

Me alegro que mi Padre celestial ha prometido darme todo lo que necesito. Él le ha entregado a cada uno de sus hijos un fideicomiso que paga dividendos eternos.

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Por Carole Kilcher. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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