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Ponga las Velas
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Fotografía: Mishel Gusev
Todos hemos oído el viejo adagio, “la cantidad de velas determina el puerto”. Si recuerdo correctamente, ese fue el lema de la clase de graduandos de mi escuela secundaria. Fue un buen lema, pero cuando marchaba por el pasillo a recibir mi diploma, nunca soñé que algún día lo aplicaría en la crianza de mis hijos.

Al Dios hacer que me dé cuenta en mi propia vida de la importancia de la oración y el estudio diario de la Biblia, también me hace desear lo mismo para mis hijos. Por supuesto que no quiero que ellos se tarden treinta años como yo en reconocer la importancia de una devoción diaria. Con esa motivación en mente, determiné hacer lo que estuviera en mi poder para capacitar a mis hijos preescolares y ayudarlos a edificar en ellos hábitos espirituales positivos –en la edad cuando esos hábitos son aún fáciles de adoptar.

Participar

Permítame confesarle que controlar a mis activos hijos de 3 y 5 años de edad es mucho más fácil cuando lo hago verbalmente que cuando yo misma realizo las cosas. Generalmente, ellos no quieren sentarse quietos y escuchar reverentemente, así que trato de que nuestros cultos matutinos sean breves y enfocados. Mientras más participan y contribuyen, más lo disfrutan. A menudo les permito que escojan el libro (o los libros) que leeremos y, para facilitar ese proceso, diseñé un estante especial donde encontrarán libros religiosos para niños. Para evitar que se aburran y demuestren falta de interés, también compré libros devocionales que presentan las historias bíblicas de una forma relevante y práctica.

Por último, pero no menos importante, siempre oramos juntos. A veces lo hago yo, otras veces uno de ellos, o ambos. Les sugiero cosas por las cuales orar y de esa forma están aprendiendo a pensar en sus propias peticiones de oración.

Yo tengo mis propias peticiones de oración. Mi ruego y objetivo es que mis niños crezcan cada día sedientos por pasar momentos con Dios. Las metas futuras no suceden de la noche a la mañana o por casualidad. Mi parte es enseñarles y dirigirlos ahora, diariamente, y con la ayuda de Dios, a acercarse un poquito más a la respuesta de mi oración. Mis pequeñitos no saben aún cómo levantar sus propias velas. Como madre, mi función es ponerlas en la dirección que apunte hacia el puerto celestial.

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Por Hannah Henry.  Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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