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Nos Cuida
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Foto: Dennis Tokarzewski
¿Qué es lo primero que usted diría al volver luego de que un huracán pasara por su casa? Qué le parece: “No fue tan malo como temía”. O, “Sí, fuimos afectados, pero podría haber sido peor. Fuimos afortunados”. Posiblemente, diríamos: “Dios nos cuidó”.

He escuchado todo éso. Fui uno de los cientos de miles que tuvimos que abandonar nuestros hogares ante la amenaza del huracán Ike.

Vivimos al norte del Condado de Galveston, cerca donde el ojo tocó tierra. Cuando regresamos, inspeccionamos nuestro hogar. Las noticias nos hacían temer lo peor. Pero nuestra casa parecía lucir mejor que cuando la dejamos. Las ramas de los árboles estaban en el suelo, pero la casa parecía estar BIEN. Las ventanas lucían intactas, al igual que el techo. “No fue tan malo como temía,” dijo mi esposa. “Dios nos cuidó,” contesté.

Fuimos bendecidos. Ni siquiera tuvimos que hacer un reclamo a la compañía de seguros. Estuvimos algunos días sin electricidad, pero Dios bendijo el área con temperaturas mucho más bajas de lo acostumbrado. Con temperaturas en los sesenta por las noches y bajo los ochenta por el día, estuvimos cómodos sin utilizar el sistema de aire acondicionado.

Al volver a nuestros hogares conversamos con los vecinos y todos tuvieron la misma reacción que mi esposa y yo: “Fuimos afortunados,” dijo uno de ellos con daños en el techo de su casa. “Dios nos cuidó. Necesitábamos un techo nuevo. Pudo haber sido mucho peor.”

Podría Haber Sido Peor

“Fuimos afortunados”, dijo un vecino que vio cómo un árbol había caído sobre su casa. “Nadie resultó herido. Dios nos estaba cuidando. Podría haber sido mucho peor.”

Un oficinista que trabaja temporalmente en una tienda de comestibles cerca de mi casa, me dijo: “Fui afortunado. Mi casa está en Galveston y no se inundó. Tuve que abandonarla antes, así que estoy bien. Dios me cuidó. Reedificaré.”

La gente estaba dispuesta a ayudar a los demás. Un vecino que había perdido tres árboles de su jardín, me prestó un taladro a baterías para remover los paneles que protegían las ventanas de mi casa. Otro, que tenía un generador, congeló agua para que las personas pudieran tener hielo y así conservar sus alimentos. Cuando terminamos de limpiar nuestro jardín, mi hijo fue a revisar el de un vecino que había perdido árboles y recogió las ramas que quedaban en el suelo. Si un vecino necesitaba ayuda y usted podía ayudarlo, lo hacía.

No parecía importar cuán malas estaban las cosas. Todos se mostraban agradecidos por lo que tenían y se preocuparon de ayudar a aquellos que habían sufrido más.

La vida nos pone desafíos. A veces vienen en forma de huracán. Nos parece insuperable a primera vista, pero después se da cuenta que Dios lo estuvo cuidando todo el tiempo. Las cosas no fueron tan malas como temía. Y ayudar a los vecinos nos hizo comprobar que “hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35).

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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