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La Oración no Obra
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Fotografía: S. Suharjoto
“La oración no obra –¡Dios sí! ¡Compártalo!” 

Esta frase final en el artículo de Debbonnaire Kovacs llamó mi atención y me llevó a su historia, donde examina el popular lema “La Oración Obra” y llega exactamente a la conclusión de que la oración, en sí, no obra.

Los estudios médicos acerca de orar por aquellos que están enfermos son inconcluyentes. Algunas personas “se sintieron mejor” porque se había orado por ellos, pero no mejoraron, necesariamente. Muchos de ellos siguen con dolores severos. Otros, ya han muerto.

Cuando decimos “Dios contestó mi oración” tendemos a pensar “conseguí lo que deseaba”. ¿Pero qué pasa con aquellas oraciones “no contestadas” de la forma que queríamos o comprendíamos? ¿De aquellas veces en que no vislumbramos nada bueno?

Pienso que Dios en Su perfecta sabiduría y en Su pespectiva eterna, debe sonreír a veces con nuestras oraciones. Tal vez Dios se ríe y dice: “¡Usted debe estar bromeando!” mientras le presentamos nuestra lista de peticiones.

Dios es Demasiado Sabio

Dios es demasiado sabio como para darnos siempre lo que nosotros, con nuestra falta de visión, le pedimos. Así como un padre que cuida de su amado hijo, Dios nos otorga coherentemente lo que es mejor para nosotros. Lo que hace que hagamos la pregunta: Si Dios conoce nuestras necesidades y siempre nos da lo que es mejor para nosotros, ¿por qué necesitamos orar?

Hay ciertas cosas que Dios nos ha prometido darnos, pero sólo cuando se lo pedimos sinceramente: el perdón de los pecados, un corazón limpio, el don de la paz en nuestras mentes que proviene de la presencia del Espíritu Santo (el Consolador).  Estas son las bendiciones espirituales que Dios está ansioso de otorgarnos cuando se lo pedimos. Quizá no debiéramos orar para cambiar nuestras circunstancias, sino para desarrollar nuestro carácter.

La oración no es una especie de encantamiento mágico, concluye Kovacs. Es sólo el nombre que tenemos para dialogar con Dios. Y mientras nos comuniquemos honestamente con Dios, sabremos que Él está obrando en nuestro favor, no importa cómo hayan sido “contestadas” nuestras oraciones.

“En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión” (Hebreos 5:7).

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Por Brenda Dickerson. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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