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¡Sin Focos!
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Foto: Frederic Fahraeus
Conducía en una ciudad a un par de horas de mi hogar. Había estado teniendo problemas con el sistema eléctrico de mi carro. Supe de un lugar de reparaciones de automóviles muy bueno en aquella ciudad, así que decidí ir hasta allí. El mecánico muy pronto descubrió el problema y, en una hora o algo así, ya iba de vuelta a casa. Luego de detenerme para hacer algunas otras deligencias, seguí guiando hasta mi destino.

Para entonces ya estaba obscuro. Encendí los focos del carro, me acomodé en el asiento y me relajé para conducir durante la media hora que me tomaba llegar a casa. No mucho después, me di cuenta que los focos se iban apagando de a poco. Pronto, ya casi no iluminaban nada.

De mi experiencia con reparación de carros, me di cuenta que el alternador no estaba lo suficientemente cargado. Se trataba de aquello por lo que recién había pagado para que arreglaran. También supe que todo el voltaje que el alternador podría producir era necesario para mantener el motor funcionando. Si mantenía los focos encendidos, no pasaría mucho tiempo hasta que el motor se parara. Y en aquel tramo desolado del camino, no existía ninguna gasolinera o negocio dentro de las próximas setenta y cinco millas.

Agradecido por la Luna

Me sentí agradecido por la luna y contento de que en aquella zona la pequeña ruta no estuviera congestionada. Apagué los focos y conduje lentamente guiado por la luz de la luna hasta que otro carro se acercara. Entonces encendía las luces hasta que ese coche pasara. Fue un viaje lento, pero finalmente llegué a casa. Al día siguiente supe que el mecánico no apretó bien los focos, dejando suelta una de las correas de la transmisión.

Cuando necesitamos luz, no existe sustituto para ella. Las Escrituras describen la palabra de Dios como una lámpara. “Tu palabra es una lámpara que alumbra mi camino” (Salmos 119:105, BLS).

Pero la Biblia no nos beneficiaría si no la tomáramos y le pidiéramos a Dios que nos ilumine. Desde que Dios nos proporcionó la Biblia, necesitamos de Él para comprenderla. Necesitamos leerla cada día y permitir que su mensaje aclare nuestras mentes.

Este mundo puede ser un lugar bastante oscuro. Es difícil –si no, imposible– vivir nuestra vida por nuestros propios medios. La Escritura, dice: “Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su destino, que no le es dado al caminante dirigir sus propios pasos” (Jeremías 10:23, NVI).

Debemos tener algún tipo de luz del exterior que nos ayude a ir a través de curvas peligrosas, desvíos y caminos arriesgados que de seguro se nos presentarán mientras recorremos la ruta de la vida.

Así que, ¿por qué viajar en la oscuridad cuando usted no tiene por qué hacerlo? “¡Que haya luz!”

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Por Bob DuBose. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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