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Trayendo a Papá al Hogar
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Fotografía: Tadeusz Turski
Cuando la madre de Darlene fue ingresada en un hospital con una enfermedad pulmonar incurable en el año 2006, tuvo que pensar en el destino de su padre en sólo dos semanas. Caminaba con dificultad y parecía confuso, desorientado y perdido. Su compañera durante 58 años se le escabullía, y lo sentía cada parte de su cuerpo. 

Cuando la muerte finalmente llegó, Darlene se preguntó: “¿Qué es lo que Dios me tiene reservado?” Ella sabía la respuesta: Debía llevar a su padre a vivir con ella y con su familia.

Aunque nunca comentó con nadie acerca de qué decisión tomar, ella tenía razón. Pero algunas preguntas afloraron a su mente: “¿Cómo puedo hacer realidad esto? ¿Cómo logrará mi propia familia ajustarse al cambio? Pará está acostumbrado a que mamá le resuelva las cosas, ¿estará dispuesto a dejar atrás esa era y a cuidarse por sí solo?” Además de esas preguntas, surgió otra: “Cómo podrá mi padre, sordo desde su niñez, sobrevivir en un hogar donde todos podemos oír?”

Cuando somos niños asistimos a una escuela. Al convertirnos en adultos jóvenes, tomamos clases premaritales. Luego, pasamos a las clases de recién nacidos y también a aquellas para ser mejores padres. Pero no existen clases que nos preparen de a poco ni aceleradamente a cuidar a nuestro padre. Girar la mesa y llevarlos a vivir a nuestro hogar –un hogar que está establecido para funcionar a su manera, con horarios, reglas y ritmo propios. Pero desde muy joven  a Darlene le enseñaron a “honrar a su padre y a su madre”. Y, para ella, significaba que debía llevar a su padre a su hogar el día en que su madre falleciera. Su familia estuvo de acuerdo.

Los Desafíos Comenzaron Enseguida

Se despojaron del cuarto y baño de visitas y lo hicieron suyo. El padre tuvo un lugar en la mesa junto al resto de la familia. Pero los desafíos comenzaron enseguida. Darlene descubrió que difícilmente podría salir de su hogar sin dejar a alguien al cuidado de su padre. Además de cuidar de su familia y de trabajar fuera, estaban las citas médicas; las medicinas que debían darse a ciertas horas; la ropa extra que debía ser lavada. Darlene se sentía responsable de mantener a su padre activo para que tuviera un objetivo en la vida. Su padre tenía hábitos especiales como utilizar demasiado papel higiénico, ponerle demasiada sal a los alimentos y ser demasiado adicto a las cosas dulces. A veces orinaba fuera del toilet sin darse cuenta, debido a que sufría de una degeneración muscular. Mentalmente, su padre ya no era el mismo de antes.

¿Es difícil? Sí. ¿Se siente Darlene agobiada y frustrada durante algunos días? Por supuesto que sí. Pero no se arrepiente de haber tomado esa decisión.

En estos días su padre se sienta calladamente a la mesa y no interactúa demasiado con ellos. Depende de los demás la mayor parte del tiempo. Es lento y mucho más paciente. Aunque Darlene dice que algún día puede que llegue del trabajo y descubra que su padre se ha caído; o quizás una mañana ya no despierte para el desayuno. Y, aquel día, se sentirá feliz de haberlo traído a su hogar.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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