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Cosecha
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Foto: Andreas Steinbach
Salir del verano en Iowa ¡significa el comienzo de la cosecha de moras! Hace algunos años, el hermano de mi esposo descubrió un Edén de zarzamoras en su propiedad mientras quitaba un arbusto. Acres de ellas. Cortó algunas haciéndose camino entre los gruesos arbustos para crear un acceso fácil hacia los jugosos tesoros y desde entonces mi esposo Mark se ha convertido en el cortador de moras número uno. De hecho, en este mismo momento, Mark ha vuelto al lugar esperando romper su récord de recoger diez galones.

Me encantan las moras, pero usted no me encontrará cortándolas de la mata. Soy sensible a la hiedra venenosa, sufro de aversión a los mosquitos y no disfruto para nada al espinarme las manos con la zarzamora. Mark, por otro lado, no le teme a la búsqueda de cada mora. Incluso visita el lugar mucho antes de que la fruta esté madura, investigando y detectando su potencial. Nunca lo he escuchado llegar a casa, diciendo: “¡Qué zarzamora más inútil! ¡Nunca madurarán las moras!” No. En vez de eso, lo oigo decir: “Ooooh… Un poquito más y las moras comenzarán a cambiar de color. Unas cuantas lluvias más y madurarán grandes y dulces, listas para caer sobre mis manos”.

Y tiene razón. Eso es exactamente lo que sucede. Lo interesantes es que aunque a él le encanta el sabor de las moras, eso no es lo que lo hace recogerlas. Me explicó que mientras más moras recoge, más desea recoger y, misteriosamente, eso hace que el sacrificio personal que pone en ello sea mayor y, por ende, mayor la recompensa. Cuando ha recogido la mayor cantidad de frutas, franquea las zarzamoras que están llenas de hiedras venenosas, mosquitos, insectos y espinas. “Mientras más me cueste personalmente,” dice, “más deseo esas moras”.

Otro Mensaje

¡Por eso tenemos el congelador repleto de la maravillosa fruta que estaremos disfrutando en tartaletas, pasteles y mermelada durante el próximo enero! Pero aquí hay otro mensaje. Pienso en Jesús y en la gran cosecha de pesonas que Él desesperadamente desea alcanzar. Cuán enclenques e inmaduros debemos parecerle. Podría fácilmente mirarnos tal cual somos en vez de ver el potencial que desea lograr en nosotros.

Asi es que derrama el Espíritu Santo sobre nosotros, nos nutre con Su palabra y nos observa cuidadosamente hasta que estemos listos para caer en Sus anhelantes manos. Y mientras más distante estemos de Él, más desea alcanzarnos. Mientras mayor ha sido Su sacrificio para encontrarnos, más desea contactarse con nosotros. Él pasó por el dolor, el rechazo e incluso la muerte para finalmente estirar Su mano en la oscuridad de la espinosa existencia en que habitábamos, para nunca darse por vencido y dejarnos morir. Mientras más grande fue Su costo personal, más anhela estar con nosotros. Y le costó todo lo que era.

“Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy. Que vean mi Gloria, la Gloria que me has dado porque me amaste desde antes de la creación del mundo” (Juan 17:24).

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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