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Veneno en el Biberón
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Foto: Ieva Geneviciene
Era una calurosa tarde de verano. Luego de tomar la siesta, Nora decidió refrescarse dándose una ducha fría. Era casi la hora en que la bebita tomaba su biberón. De modo que Nora le pidió a su hermana menor que estaba de visita por unos días, que le hiciera el favor de prepararle el biberón a su bebé. Laura fue enseguida a la cocina. Buscó la formula dentro de la despensa de la cocina, pero en vez de una lata del alimento, encontró dos. ¡Dos latas idénticas! Las dos estaban a medio llenar. Las dos contenían aquel polvo amarillo. Así que ella sacó una de las latas y comenzó a verter la fórmula dentro de la leche tibia… una… dos… tres cucharadas. La mezcló durante unos cuantos minutos. Cuando hubo terminado, puso la mezcla dentro del biberón y la sacudió por unos cuantos más.

Una bebita ansiosa esperaba el arribo del alimento desde su cuna. Laura la tomó suavemente en sus brazos, se sentó en la mecedora y comenzó a darle la leche.

El sonido del agua cayendo creaba una dulce modorra en Nora. Al salir de la ducha, se sentía feliz y mucho más refrescada. Fue a ver cómo estaba la bebita y se acercó a la mecedora hablándole del modo en que todas las madres les hablamos a nuestros hijos. De repente, ¡Nora le arrebató el biberón a Laura! La bebita comenzó a llorar desconsoladamente.

“¡Laura!” –gritó Nora. “¿Por qué la formula no se mezcla con la leche?” ¿De qué lata sacaste el alimento?”

“Pero… Nora… ¿qué te pasa?” –contestó Laura con voz temblorosa. “La saqué de una de las latas que estaba en la despensa. Allí las guardas, ¿no?”

Las dos comenzaron a llorar. En realidad, ¡las tres! Nora corrió a la cocina trayendo consigo las latas y preguntándole a Laura cuál de las dos había utilizado. “¿De cuál de ellas sacaste el alimento, de la lata que estaba a la derecha, o de la que estaba a la izquierda?” La jovencita no sabía qué responder.

Veneno para Ratas

Nora le explicó que alguien le había regalado una pequeña porción de veneno para ratas, asegurándole que ese tipo era más letal que los que venden en los supermercados. Sin considerar la posibilidad de que alguien llegara a confundirse, Nora puso aquel polvo tóxico dentro de una lata vacía de formula para bebés. Laura comenzó a llorar histéricamente, mientras trataba de calmar a la hambrienta bebita.

Nora se vistió rápidamente y junto a su hermana llevaron a la bebita al hospital más cercano. La examinaron durante dos horas, haciéndole todo tipo de exámenes hasta que finalmente le dieron un biberón con leche tibia. ¡Qué feliz estaba!

El doctor le dijo a Nora que aunque la niña había ingerido tres cuartas partes del biberón envenenado, estaba en perfectas condiciones. El veneno no le había causado ningún daño.

“¿Se da cuenta, doctor? ¡Hoy ha ocurrido un milagro en esta ciudad! Mi pequeña hijita ha ingerido tres cucharadas de ese veneno mortal y ni siquiera se enfermó. Hoy, ¡Dios ha hecho un milagro, doctor!”

“Bueno, yo diría que tuvo mucha suerte, señora. Como doctor, de lo único que puedo estar seguro es que la niña se encuentra perfectamente. ¿Un milagro? Bueno… ¡vaya con Dios, señora!”

Dios hace milagros hoy. Tal vez ni siquiera se haya dado cuenta de todas las veces que Él ha intervenido para que ni usted ni sus seres queridos resultaran heridos.

¿Desea ver Su mano guiando su vida? Ponga atención. Tal vez pueda detectar las formas en que Dios guarda cada uno de sus pasos.

“Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar, porque el Señor me sostiene. No me asustan los numerosos escuadrones que me acosan por doquier” (Salmos 3:5-6).

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Por Chari Torres. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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