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Curiosidad
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Fotografía: Shailesh Nanal
Los padres de una niñita de cinco años de edad me pidieron consejo acerca de un interesante problema. Mandy había tomado algunas cosas de sus padres sin su permiso. La mayoría de los objetos que tomó eran pequeños artículos que pertenecían a su madre, como por ejemplo maquillaje, joyas y otros accesorios. Sin embargo, de vez en cuando Mandy sacaba algunas cosas de su padre, como chicles y cortauñas.

Cuando algo se perdía, los padres de Mandy le preguntaban: “¿Lo tomaste, tú?” Y ella respondía: “No”.

En ese momento comenzaba el juego de “Scotland Yard”. Sus padres seguían el rastro de indicios que los llevaba a encontrar el objeto perdido. Eso podía tomar de tres minutos a tres días. Después que sus padres encontraban el botín, Mandy confesaba y su explicación siempre era la misma: “Yo solo quería verlo”.

“¿Por qué lo escondes?” sus padres le preguntaban. “¿Por qué no lo pones de vuelta en su lugar?”

“No sé,” respondería Mandy.

“¿Por qué no nos pides las cosas a nosotros?”

Nuevamente Mandy respondía “no sé”, para terminar llorando.

Los padres de Mandy ya no sabían qué pensar ni qué decir en cuanto a ese problema. A veces se enojaban con Mandy y, otras, se preocupaban que ella tomara las cosas porque tal vez no se sentía amada por ellos. Eventualmente, fueron a ver a un terapeuta infantil que llegó a la conclusión de que Mandy “manipulaba” a sus padres para controlarlos y ser el centro de atención.

¿Manipulando?

Cuando los padres de Mandy se acercaron a mí contándome el problema, les contesté que no pensaba que Mandy estuviera tratando de manipularlos. Un niño de la edad de Mandy no tiene más conocimiento de su propia conducta que creer que la luna es de queso. Por lo tanto, la perspicacia, la capacidad de manipular astutamente a los demás, no surgen hasta que el niño alcanza la adolescencia, a lo más.

Cuando un problema como el de Mandy tiene tal efecto en la familia, los padres deben tomar ventaja y demostrar su autoridad desactivando el asunto y removiendo la necesidad del niño de seguir portándose mal. Aunque algunas veces algún tipo de castigo es apropiado en ciertos casos, este solo no cambiará nada. De alguna forma, al niño se le debe dar algun tipo de responsabilidad para resolver el problema. La manera en que se haga depende de muchas cosas, pero aquí está la forma en que lo hicimos con Mandy:

Primero, los padres dejaron de jugar al Scotland Yard. Segundo, redefinieron el problema llamándolo “curiosidad” (una palabra positiva), en vez de “robar” o “tomar” (palabras negativas).

“Mandy,” le dijeron, “tienes nuestra autorización para sentir curiosidad por nuestras cosas. De ahora en adelante, cuando quieras tomar o mirar algo nuestro, una vez que hayas terminado de jugar con él pon el objeto dentro de esta caja.”

Si algo se perdía, entonces ellos iban al cuarto de Mandy y miraban dentro de la caja. Generalmente estaba allí. Si no, en vez de hacerle preguntas (como lo hacía el Scotland Yard), le decían algo parecido a: “Mandy, necesito que me devuelvas las llaves del carro, por favor,” ¡y Mandy se las devolvía! Últimamente, Mandy ha dejado de entrar al cuarto de sus padres a no ser que la autoricen a hacerlo. Y todo ha vuelto a la normalidad en Mandyland.

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times, mayo 2008. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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