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Trabajo Divertido
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Foto: Vladimer Mucibabic
“¡Mi papá se divierte en el trabajo!” le gritó mi hijo a un coche que desaparecía en la esquina. Sonreí, porque sé que se refería a lo que le digo cada día cuando se va a la escuela. Y entonces me di cuenta, con asombro, que mi hijo cree que ir al trabajo es algo divertido. Qué amoroso.

Desafortunadamente, muchos de nosotros no nos divertimos en el trabajo. No disfrutamos de lo que hacemos. Mi esposo es una de esas personas. Está en el ejército realizando un oficio del que no disfruta realmente, que lo inutiliza para emplear los talentos que Dios le ha dado y que a veces lo obliga a permanecer meses lejos de su familia.

Pero su trabajo ayuda a pagar las cuentas. Y en el clima económico en el cual nos encontramos todos, tiene un trabajo donde no puede ser despedido o dado de baja y goza de un excelente plan de retiro. Algunos piensan que no podríamos estar mejor.

¿Es cierto?

El mismo día en que entró el pecado en el mundo a través de Adán y Eva, Dios pronunció una maldición en cuanto al trabajo del hombre:

“Sólo te dará espinos que te hieran, y la hierba del campo será tu alimento. Muy duro tendrás que trabajar para conseguir tus alimentos. Así será hasta el día en que mueras, y vuelvas al polvo de la tierra, del cual fuiste tomado. Tú no eres más que polvo, ¡y al polvo tendrás que volver!” (Génesis 3:18,19 TLA).

Eso me Deprime

Eso me deprime ¡y me duelen los músculos con sólo leerlo! No es extraño que quede tan agotada al final de cada día de trabajo y que me sienta igual cada mañana al comenzar todo de nuevo.

¿Quiere decir que debido a la maldición de Dios debemos odiar nuestros trabajos? No creo, porque luego de unas pocas generaciones Dios inspiró al hombre más rico y más sabio de todos los tiempos a que escribiera algunas palabras para animarnos al laborar y trabajar arduamente:

“Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado. Además, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes, pues esto es don de Dios” (Eclesiastés. 5:18-19 NVI).

Deberíamos encontrar satisfacción y ser felices en nuestros trabajos. ¿Y si no lo hacemos?

La respuesta es complicada como la mayoría de las cosas en la vida. Debemos equilibrar nuestras responsabilidades con nuestro nivel de descontento y desdicha. Y debiéramos estar dispuestos a ajustar nuestro nivel de vida.  Ningún carro nuevo, una nueva adquisición ni unas vacaciones especiales brindan tanta alegría a una familia como una madre y un padre que vuelven al hogar satisfechos después de un día de trabajo.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002 y NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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