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Los Trenes de los Huérfanos
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Photo: Kevin Brown
Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras leía acerca de los miles de niños que viajaron durante los años 1850 y 1930 en los “trenes de los huérfanos”. Esos trenes recorrieron distancias repletos de niños (en su mayoría de ciudades del noreste del país) que necesitaban familias y una nueva vida.

La mayor parte de los niños provenían de lugares donde sus padres habían muerto o los habían abandonado. En un esfuerzo por brindarles mejores oportunidades, un grupo de organizaciones pusieron en marcha más de 10.000 trenes que cruzaron el oeste en busca de una vida mejor. Las locomotoras con su carga preciosa se detenían periódicamente a través de una ruta por el oeste donde las familias esperaban a un niño de acuerdo a sus necesidades. Algunos de los niños fueron recibidos en cálidos hogares, mientras que otros fueron forzados a llevar una vida de servidumbre y de trabajos interminables en las granjas o en los molinos locales.

Un número de historias personales aún siguen vívidas en los adultos que sobrevivieron a esas experiencias y están llenas de una gama inmensa de emociones. Algunos de ellos tienen buenos recuerdos de las cenas domingueras y de la cercanía que gozaron con las familias que afortunadamente los escogieron. Otros, están llenos de recuerdos del abuso y de la hostilidad en un ambiente donde nunca fueron tratados como familia, sino más bien como posesión material.

El hecho es que la elección personal no era una opción para esos niños que abordaron aquellos vagones de acero macizo en los coches ferroviarios. A menudo fueron separados de sus hermanos y llevados a una vida desconocida, sin el lujo de escoger a dónde iban o con quién iban.

Ellos No Escogieron

Aunque las experiencias de los Trenes de los Huérfanos sucedieron hace tiempo, mi corazón todavía sufre por aquellos niños asustados y desorientados. Sus historias me recuerdan que no todos los niños de mi comunidad tuvieron la oportunidad de escoger la familia en la cual deseaban crecer. Muchos niños tienen familias maravillosas, que los cuidan y nutren, y me alegro por ello. Muchos otros, sin embargo, nacieron en ambientes disfuncionales, hostiles y abusivos. Ellos no escogieron su situación, pero fue lo que tuvieron.

Cuando tiene que ver con otorgar valor verdadero a las vidas de los niños de hogares disfuncionales, debo confesar que me siento tristemente inadecuado. No poseo los recursos para hacer la diferencia en la vida de cada niño que reside en mi comunidad. Puedo, sin embargo, escoger involucrarme en sus vidas, y eso puede lograr un impacto eterno. Puedo leerles una historia que nutra las vidas de un grupo de niños en la biblioteca. Puedo ofrecerme como voluntario en un refugio para alimentar a familias desplazadas. Puedo ser un hermano mayor para un joven que necesita desesperadamente un modelo positivo a imitar. No puedo hacerlo todo, ¡pero puedo hacer algo!

Jesús ofreció mucho más que palabras cuando enseñó que los niños son increíblemente importantes para Él. Demostró esta verdad a través de Sus acciones (ver Mateo 19:13 y 14). Si declaro ser un seguidor de Cristo, mi amor por Él me obliga a seguir Sus pasos.

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Por Michael Temple. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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