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Sea un Angel
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Fotografía: Dreamstime
Sonreía siempre. Vivía en un anexo de la casa de su hermana y ahí había permanecido por más de tres décadas. Nadie hubiera imaginado esa casona sin aquella pequeña casita al fondo del patio.

Dolores era una mujer callada y hacendosa. Sus grandes amores eran una pareja de perritos Cocker Spaniel que le había regalado una amiga antes de morir, y las hermosas flores que cultivaba en el jardín de la casa principal. No había rincón donde las rosas, los claveles y las violetas de Dolores no lucieran en todo su esplendor.

Casi con la salida del sol, cada día la buena mujer se levantaba y comenzaba su oración matinal sin descuidar jamás el estudio profundo del Libro Sagrado, como solía llamar a la Biblia. Después de sus meditaciones, su rostro brillaba con una luz especial, plena de paz.

Un día sucedió algo terrible en la casona. Durante la noche, cuando todos dormían, dos delincuentes entraron a robar, maniatando y encerrando en uno de los armarios a todos sus moradores. Como resultado, una nietecita de Rosa, la hermana de Dolores, de tan sólo diez años de edad, quedó muy afectada y pasó largos meses en tratamiento psicológico. Sufría de pesadillas constantes y le costaba mucho conciliar el sueño.

Leyendo en el Sillón

Fue entonces cuando Dolores ofreció ayudar a la pequeña. Cada noche, cuando se aproximaba la hora de dormir, la buena mujer se sentaba en el sillón de mimbre junto a la cama de la niña y le leía Las Bellas Historias de la Biblia. La chiquita escuchaba muy atenta, pero pronto el sueño la vencía y se dormía profundamente. Si por algún motivo algún ruido lograba despertarla, siempre veía a su aldo a aquella mujer, vigilando, como si fuera un ángel guardián custodiando su sueño.

Dolores descansa en el Señor, pero su recuerdo vivirá para siempre en quienes tuvimos la dicha de conocerla. Con ella aprendimos que muchas veces no es necesario realizar grandes proezas para deslumbrar a los demás. A veces… sólo basta ser un ángel.

“A gritos te llamo, y desde tu templo me respondes. Yo me acuesto, y me duermo, y vuelvo a despertar, porque tú vigilas mi sueño” (Salmos 3:4-5), versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL, © 2002.

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Por Chari Torres. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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