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Día Grande y Terrible
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Fotografia: Dreamstime
…porque grande es el día de Jehová y muy terrible. Joel 2:11.
 
Me encantan los fuegos artificiales. Me gustan los hermosos colores y figuras, la anticipación de esperar que estalle el siguiente, el entusiasmo que generan cuando cada uno de ellos se despliega a través del cielo, el final espectacular con la sucesión rápida de colores, luces brillantes y ruido… todo a un mismo tiempo.

El primer verano en nuestro nuevo hogar nos sorprendió conduciendo por los alrededores, buscando el lugar justo para ver los fuegos artificiales. Por casualidad pudimos encontrar uno justo al borde del campo donde los fuegos artificiales eran disparados. Para nuestra sorpresa, nos impresionó la presentación realizada por nuestro pequeño pueblo.

Al mirar hacia el cielo y maravillarme con el manto de colores y luces que estallaba sobre mí, por primera vez en mi vida tuve una pequeña vislumbre de lo que será cuando Jesús vuelva. Nunca había podido imaginar realmente cómo sería. Durante toda mi vida había escuchado acerca de ángeles brillantes, del sonido de trompetas y cuán glorioso será aquel momento. He visto pinturas con personas que observan la escena con sus rostros levantados, iluminados por la gloria de Su venida.

Mirando maravillada hacia el cielo, aquella noche las cenizas caían sobre nosotros mientras los fuegos estallaban a través del cielo. La escena fue vívida para mí. Pude imaginar el esfuerzo por ver a Jesús, vislumbrar la belleza espectacular del momento, sentir el entusiasmo de aquel evento. Pude palpar la pasión y la admiración de aquellos que exclamarán: “¡He aquí, este es nuestro Dios! Le hemos esperado…”.  Sentí el entusiasmo del acontecimiento real de Su venida; algo que nunca había experimentado antes.

Nuestros hijos gemelos tenían dos años de edad en aquel entonces, y los fuegos artificiales fueron algo muy diferente para ellos. Para los niños pequeños que no están acostumbrados al ruido ni al entusiasmo de una multitud, resulta una experiencia bastante terrible. Se apegaban a nosotros, tratando de ocultarse del ruido y de las luces. Por más que tratábamos de convencerlos, no querían mirar hacia arriba ni disfrutar de la pirotecnia. Así que en medio de nuestras exclamaciones de asombro por la fantástica presentación, ellos se contentaban con acurrucarse a nosotros y ocultar sus caritas.

Anticipación o Temor

Más tarde, al pensar en ello, imaginé de qué forma la venida de Jesús se parecería a aquel evento. Reflexioné en la actitud de aquellos que presenciaban la escena. Para algunos, sería un momento de gran anticipación y esperanza. Un momento cuando por fin se cumplirían sus esperanzas más anheladas. Si quisieran medirlo pensando en toda la alegría y el entusiasmo experimentado en sus vidas, no llegaría a compararse con lo que sentirían al mirar hacia el cielo. El hermoso y brillante rostro de Jesús hará desaparecer la oscuridad de los ojos de los ciegos. La voz del arcángel, el sonido poderoso de las trompetas de una multitud de ángeles, romperá el silencio de los sordos. Las sillas de ruedas quedarán abandonadas. Las familias separadas por largo tiempo serán nuevamente reunidas, mientras sus seres queridos lucirán completamente sanos y vigorosos a su lado. Aquellos que descansan en sus tumbas, despertarán a la más gloriosa mañana que hayan podido imaginar jamás.

Pero para otros será un momento de temor y terror absolutos. Un instante cuando en vez de huir de edificios que se desploman y de la total destrucción que los rodea, implorarán desesperadamente que las rocas, las montañas y los rascacielos, lo que sea… caiga sobre ellos y los oculte del rostro de Jesús. Será un momento de dolor, de llanto amargo por los años malgastados en busca de lo que parecía importante, pero que a la luz de aquel día, no tendrá ningún significado. Un instante para escapar por última vez de Quien han huido durante toda su vida.

Cuando venga Jesús deseo erguirme con el rostro levantado hacia el cielo, revelando la belleza de la escena, con el corazón estallándome de entusiasmo al verlo a É,l acercándose cada vez más. Quiero sentir la pasión y la alegría de ver por fin el rostro de Jesús cara a cara, sabiendo que Él ha venido a buscarme para llevarme a Su hogar, repitiendo las palabras: “¡He aquí, este es nuestro Dios! Le hemos esperado, y nos salvará” (Isaías 25:9).

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Por Leslie Olin. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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