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La Influencia de Abuelita
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Foto: Alexander Raths
¿Ha tenido alguna vez una persona especial en su vida que haya sido tan cercana que usted la consideraba como parte de la familia? 

Yo he sido bendecida de esa manera. Hasta donde puedo recordar, ha habido una persona especial en mi vida que consideré como mi abuelita. Tengo muchos recuerdos maravillosos de momentos compartidos y de las cosas que hacíamos. De hecho, la razón de por qué usted está leyendo este artículo hoy, es debido a que ella me animó a que escribiera. Los recuerdos y la lección que deseo compartir con usted provienen de sus últimas semanas de vida.

Después de vivir y trabajar ochenta y siete años en una granja, abuelita se cayó y se rompió varios huesos. Eso la mantuvo en cama. Nunca más la vi levantarse. A pesar de su condición y la cruel predicción de un hospicio, ella mantuvo una buena actitud y nunca se quejó. Condideraba un privilegio visitarla más que un deber, y siempre salía bendecida.

Su voz era apenas audible, pero compartía perlas de la verdad que había descubierto a través de la vida. Ella me hacía preguntas de mi familia, de mí y mostraba interés por saber lo que hacíamos. Ahí fue cuando descubrí que alcanzar y tocar la vida de otras personas no está influenciado por nuestra movilidad. El mundo está lleno de personas que corren de aquí para allá centradas en sí mismas que no se detienen ni se toman el tiempo para interesarse por los demás. Abuelita estaba tan débil que ni siquiera podía levantar su mano para rascarse la nariz; pero aún alcanzaba, tocaba y se preocupaba de los demás.

“¡Él lo hará!”

He aquí un ejemplo de la capacidad de abuelita para seguir tocando e influenciando una vida:

Ella siempre le dijo a mi hijo Caleb que era inteligente y que algún día sería presidente de la nación. Durante sus últimos días, Caleb aceptó el desafío de nuestro pastor de jóvenes de aprender cien versículos de la Biblia. Le contamos a abuelita que Caleb iba a tratar de decir en la iglesia aquellos cien versículos bíblicos después del culto. Ella contestó: “¡Él lo hará!” Caleb estaba nervioso, pero dijo esos cien versículos en forma perfecta.

Esa noche, cuando Caleb ya se iba a dormir, le dije lo orgullosa que estaba de él. Caleb me respondió: “¿Sabes lo que ayudó?” Le respondí que el haber estudiado y orado primero. Cabeceó, afirmándolo, pero luego contestó: “Lo que dijo abuelita de mí fue lo que me ayudó a seguir adelante.” 

Supe que ese momento era uno de aquellos que jamás olvidaría.  Desde su lecho de muerte las palabras de abuelita habían inspirado a Caleb, dándole la confianza adicional para enfrentar el desafío. ¡Qué lección!

Creo que todos tenemos algo que decir, compartir o dar. Puede ser algo rápido y sencillo como un abrazo. Puede ser tan simple e importante como una palabra de aliento.

¿Extenderá hoy su mano e influirá la vida de alguien?

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Por Donice Palmer. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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