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Día de Bodas
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Fotografía: Dreamstime
Oculto detrás de la ropa que uso actualmente, hay un hermoso vestido blanco. Mi madre y yo fuimos a una tienda especial de telas en Seattle para escoger el material de esa prenda de vestir. Una amiga de la familia lo cosió con amor, siguiendo el modelo que yo le había dibujado y que deseaba. Hasta ahora, la historia del día de mi boda parece perfecta.

Sin embargo, tengo una relación de odio y amor con mi vestido de novia. Todo lo que sucedió hasta el momento de mi boda fue mucho menos hermoso que aquellos cuentos de adas que había escuchado. Nuestra boda fue cancelada unos pocos meses antes de la primera fecha planeada debido a un conflicto familiar. Me preguntaba si realmente se llegaría a realizar. ¿Cómo podía asegurarle a los demás que Tim y yo estábamos eligiendo correctamente? ¿Podríamos escoger una fecha para la boda en la cual todos estuvieran de acuerdo? Luego de hacerme esas preguntas, me di cuenta que no podía dejar a todo el mundo contento. Casi todos creían que mi mundo se venía abajo, pero para mí el factor más importante de mi boda permanecía en perfectas condiciones.

Tim era el único hombre con el cual podía imaginar pasar el resto de mi vida, y a través de los conflictos relacionados con una boda estresante, necesitaba tenerlo presente.  Debido a que estaba gastando toda mi energía en tratar de satisfacer a los demás, estaba saboteando cualquier oportunidad de sentir el gozo a través del proceso del matrimonio. Había escuchado acerca de personas que les daba lo mismo, pero en nuestro caso, eso no me preocupaba. Cuando conocí a Tim supe que había algo especial en él. Al hacernos amigos estuve más convencida que quería estar siempre con él. Si me había pedido que me casara con él antes de ser novios, yo estaría preparada para decirle, “sí”.

En Paz

Finalmente, pusimos una fecha que nos convenía a nosotros y nos quedamos con ella. Recuerdo haber caminado por el pasillo aquel día con mis ojos fijos en él. Cuando llegué a su lado fue como si los demás desaparecieran y quedáramos presos en nuestra íntima conversación a través de miradas y sonrisas. En ese momento nos sentimos en paz, sabiendo que muy pronto estaríamos casados.

Al decir mis votos y escuchar los suyos, me olvidé de la crítica que los demás habían hecho de nosotros. Aunque fue especial compartir el día de mi boda con amigos y familiares, ellos no podían reemplazar la razón principal de nuestro matrimonio. Es posible que todos tuvieran una opinión válida, pero yo no iba a pasar el resto de mi vida con ellos. Sería agradable mirar hacia atrás y pensar cómo hubiera sido si todo hubiese andado sobre ruedas. Pero al recordar, pienso que aquella fue una buena representación de una boda.

Mi esposo y yo aún estamos felizmente casados y en el otoño celebraremos nuestro cuarto aniversario. Sé que no hemos estado casados por tanto tiempo y mi experiencia hasta este momento me ha comprobado que todos los momentos no son perfectos. Sin embargo, el factor más importante sigue allí: yo lo amo y él me ama, y seguimos trabajando en aquellos momentos no tan perfectos. Buscamos nuestras miradas durante los tiempos difíciles y recibimos el mismo consuelo que necesitábamos en nuestro día de bodas.

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Por Marion Ruybalid. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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