Home > Archives > La Biblia Dice >
.
Corriendo la Carrera
.
Fotografía: Philip Lange
Hace unas semanas tuvimos un día espléndido y soleado, lo que lo hizo mucho más espectacular ya que habíamos tenido solo días grises en este invierno más prolongado que otros. Mientras esquivaba los montoncitos de nieve medio derretida de la acera, me pregunté si habría sido una buena idea realizar mi acostumbrada carrera de cuatro millas. Había logrado hacer unas pocas durante este invierno cuando visité a mis padres que viven en el sur de California y esta era la primera en mi norteña ciudad desde el invierno pasado.

El aire estaba mas bien frío, y ya me sentía cansada luego de correr por seis minutos.  Pensé en devolverme, pero desistí e intenté seguir adelante ya que suelo sentirme mejor después de la segunda milla. Mientras seguía corriendo me alegré de no haberme detenido. Empecé a entibiarme y cuando llegué al lago todavía blanco de nieve y brillando  bajo el cielo despejado, me sentí extática. Las huellas del largo invierno parecían escabullirse al correr, sintiéndome mareada y eufórica mientras el sol dibujaba una gran sombra delante de mí. Cuando llegué a mi casa, me sentía como una mujer renovada.

Días después, me dispuse a realizar otra carrera. Estaba nublado y parecía menos inspirador que aquel día, pero sabía que debía hacerlo de todos modos. Con tan mala suerte que la tormenta comenzó en cuanto salí a la calle –lluvia y luego aguanieve. Seguí corriendo hasta completar las tres millas, pero cuando llegué a mi casa ya no me sentía tan eufórica ni renovada, sino congelada, mojada y cansada, preguntándome si de verdad amaba correr.

Menos Inspiradoras

Había entrenado y corrido en tres maratones. A veces he realizado carreras como la primera que mencioné, donde todo parece encajar bien, obteniendo una experiencia increíble. Pero con más frecuencia, mis carreras son más parecidas a la segunda que he descrito; no son malas, pero ciertamente mucho menos inspiradoras.

Así es la vida. A veces obtenemos éxitos y nuestra carrera nos parece fácil. En otras, sufrimos bastante. Algunos días corro sin dificultad por más tiempo y, en otras, me siento incapaz de completar una mucho más corta uno o dos días después. Hasta ahora he aprendido que la naturaleza de una carrera –así como la de la vida–, tiene sus altibajos. Los entrenamientos diarios pueden parecer pesados, pero el día de la carrera y los ocasionales “logros”, bien valen la pena. Lo verdaderamente importantes para nosotros es aquello donde debemos trabajar duro para conseguirlo, y no cesar en ello.

Persistir en la meta es lo importante. El apóstol Pablo escribe lo siguiente: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe” (2 Timoteo 4:7). Una buena carrera es aquella que se termina. Los entrenamientos vienen con altibajos, así como la vida misma.  Ser un corredor exitoso no significa que usted tiene que gustarle cada minuto que esté en la pista, como tampoco quiere decir que tenga que ganar todas las veces que compite. Significa aceptar los momentos difíciles y también los buenos; entrenando, incluso cuando las cosas se complican. Y, sobre todo, manteniendo un contacto cercano con su Entrenador. Eso es correr la buena carrera.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase a
______________________________

Por C. Myers. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.