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Sea Mentor de un Adolescente
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Fotografía: Lisa F. Young
El 15 de junio de 1965 nuestro vuelo de 16 horas desde Santiago de Chile finalizó por fin. Luego de detenernos en tres países diferentes, aterrizamos en Miami, Estados Unidos, y tuvimos que esperar varias horas para continuar hacia nuestro destino final: la ciudad de Nueva York. Yo tenía 12 años de edad y no hablaba una palabra de inglés. Tampoco mis hermanos. En un país extraño, mi madre nos mantenía junto a ella como una gallina que protege a sus polluelos. Una auxiliar de vuelo rubia de ojos azules, nos ayudó mientras hacíamos los trámites de inmigración y luego para tomar nuestro vuelo de conexión. Era la típica mujer amable, dulce y sonriente que usted podía ver en una película norteamericana en blanco y negro allá, en Chile. Ella nos dio la bienvenida a los Estados Unidos de Norteamérica haciendo una gran impresión en nuestras vidas.

Cuando llegamos al aeropuerto internacional John F. Kennedy de Nueva York, mi padre no estaba por ningún lado. Debido a algunos cambios, él no había recibido el último mensaje de mamá y no fue a esperarnos al aeropuerto. Estábamos, completamente solos. Fue como a las tres de la madrugada que por fin llegamos al apartamento del quinto piso en el edificio del Bronx, donde vivía mi padre. ¡Qué hermoso era! Fue en ese apartamento aquel día –entre las tres y cuatro de la madrugada–, que tuvimos nuestra primera vislumbre de la vida norteamericana. Cuando abrimos el refrigerador, allí estaban: varias botellas de Coca-Cola (¡no existían de lata como ahora!) y una caja de galletas Oreo, esperándonos. Lo devoramos todo.

En alguna fecha del mes de agosto comenzamos a asistir a la escuela pública P.S. 70. Con sólo unas palabras de inglés en nuestro vocabulario,  mi hermana y yo tuvimos como profesora de ese idioma a Miss Goldberg, una mujer judía y canosa. Ella fue la mujer más maravillosa, amorosa y amable que he conocido. No sólo nos enseñó el idioma inglés, sino también nos introdujo al estilo de vida norteamericano más allá de las galletas Oreo y la Coca-Cola. Nos educaba y siempre era muy cuidadosa en todo lo que nos decía. Asistir a la escuela en P.S. 70 nos hizo sentir seguros, ya que estaríamos al cuidado diario de Miss Goldberg.

Miss Spooner fue la mujer afroamericana más hermosa que yo haya visto jamás. Era mi maestra de aula. Su voz y sonrisa suaves hicieron que mi aprendizaje fuera un verdadero placer. Tuvo especial interés en cada uno de nosotros. Incluso llegó a invitarnos a su apartamento que quedaba a pasos de la escuela, para tomar chocolate caliente con galletas durante los fríos días del invierno.

En agosto de 1966 me convertí oficialmente en un “teenager” –como me llamó el administrador del edificio. Pasé a ser alumno de la escuela intermedia y conocí a Mr. Perrine, un maestro italo-norteamericano que llegó a ser mi tutor y me ayudó mucho durante los difíciles años de mi adolescencia.

No Estuve Solo

Y un tiempo después comencé la escuela secundaria. Mis padres decidieron enviarme a Greater New York Academy, la academia adventista que quedaba en Woodside, Nueva York. Fue allí cuando conocí a otros maestros que me acompañaron durante mis años de adolescencia. Miss Elaine Kelly me enseñó poesía en sus clases de inglés. Miss Thompson me introdujo en la belleza de las historias del Antigüo Testamento. Mr. Baird me enseñó Historia de Estados Unidos y el pastor Hancock me habló de Jesús, etc., etc.

La verdad es que en todo el proceso de convertirme en un adolescente, no estuve solo. Hubieron adultos que demostraron un especial interés en mí como persona, tratándome con respeto, honor y dignidad.

En mis 22 años trabajando con los jóvenes, lo he visto una y otra vez. Adolescentes que han tenido amigos y mentores van tras sus sueños para tener éxito en la vida. Hay un dicho en el Talmud, que reza: “Al salvar una vida se salva a un mundo”. Acoja el mundo de un adolescente y viajen juntos a través de la vida. Sólo toma que una persona salve a un adolescente para que salve un mundo.

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Por Sergio Torres. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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