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Reafirmación Paterna
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Foto: Wayne Johnson
Todos tenían un nuevo equipo de pesca, menos yo. Mi padre y dos de mis hermanos mayores habían ido a la tienda de artículos de pesca más cercana y habían escogido el mejor equipo que podrían encontrar. Había un aire de anticipación en nuestro humilde hogar mientras hablaban ansiosamente del inmenso pez que ellos probablemente pescarían con sus nuevas cañas de pescar y sus nuevos carretes.

Yo tenía diez años de edad y aunque no había ahorrado suficiente dinero para comprarme nada nuevo, mi padre permitió que fuera con él y con los chicos a pescar en el estanque que quedaba frente a nuestra casa. Llevaban cañas brillantes y flexibles. Yo llevaba un asta de palo, de cinco pies de largo, equipada con una cuerda pesada, una bobina y un viejo gancho para pescar. Ellos llevaban cajas nuevas y brillantes para el aparejo de pesca. Yo, una lata de sopa de tomates llena de lombrices que había excavado del jardín.

Cuando llegamos al estanque, observaba con envidia cómo mi padre y los demás chicos ordenaban sus instrumentos. Yo utilicé el viejo gancho con una lombriz roja en la punta y me dispuse a intentarlo, apartado de los demás. A decir verdad, me sentía avergonzado de mi asta de palo y secretamente desee no estar a la vista de los demás. Observé cómo mi padre y mis hermanos lanzaban sus cuerdas de pescar una y otra vez, sin conseguir que ningún pes mordiera la carnada.

Brillaron de Orgullo

¡Entonces, sucedió! Soñaba despierto con aquel momento en que mi asta se perdiera en la profundidad del agua clara. Tuve que luchar con mis manos y mis brazos de sólo diez años de edad  que se esforzaban por sacar a la superficie el róbalo más grande que jamás haya visto. En cuanto llevé aquel inmenso pez a la costa, mi padre dejó al lado su caña y corrió para ver lo que había pescado. Sus ojos grises brillaron de orgullo.

Y aunque ahora tengo 44 años de edad, nunca olvidaré lo que mi padre dijo quell día: “Chicos, ¡miren ese pescado! Mike lo pescó con su asta de palo y aquí estamos nosotros, con todo este equipamiento tan caro, y ninguno de nosotros ha logrado nada. Es un hermoso pescado, Mike.”  Salomón y todo su oro jamás se sintió como yo en aquel momento. Mi padre estaba orgulloso de mí y me puso a la delantera de los demás. Fue uno de los momentos más felices de mi vida. Aún lo recuerdo como un punto culminante en mi niñez.

Yo ahora soy padre de tres jóvenes. He apredido que lo que más desean en la vida es mi tiempo y mi reafirmación. Es algo que tengo que hacer en forma intencional y repetitiva a través de la práctica, pero la sonrisa que produce y los momentos felices que brinda, lo vale con creces.

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Por Michael Temple. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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