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Del Gemido a la Gloria
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Fotografía: Ralph Biggör
“Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto” (Romanos 8:22).
 

Yo creo que Dios oye los gemidos provenientes de las víctimas del ciclón en Myanmar. Él escucha los gemidos de las madres y sus hijos, con tazones y cubos en sus manos, esperando por alimento. Él oye el gemido de un niño solitario que mira fijamente un campo inundado donde alguna vez estuvo su hogar. Escucha el llanto de una familia sin hogar y con tres hijos –con todas sus pertenencias dentro de una cesta y de dos bolsas, buscando refugio. Oye los gemidos de innumerables madres mientras descubren los cuerpos de sus hijos, flotando sobre las aguas. Y esos gemidos son solo una fracción de todos los que se oirán en un país donde 62.000 personas han muerto o están desaparecidas.

Dios también escucha los gemidos de las víctimas del terremoto en China. Él escucha los quejidos de una joven mujer, con sus ojos llenos de temor, luchando por liberarse de las capas de concreto que la atrapaban. Él oye los gemidos de una mujer embarazada siendo evacuada de un hospital, agarrándose de una soga, lista para dar a luz. Dios escucha el llanto de los padres que esperan afuera de la escuela Juyuan bajo la lluvia, mientras los rescatistas escriben los nombres de los niños muertos en una pizarra. Otra vez, esos gemidos son sólo una parte de los que se elevarán a través del país que llora a sus 12.000 muertos y los miles que aún siguen atrapados.

Experimentando Dolores de Parto

En momentos así, nuestro mundo pareciera estar fuera de control. Quienes sentimos temor y ansiedad, nos preguntamos: “¿Puede ser este el fin?” Cierta vez, los discípulos de Jesús le pidieron que les diera señales de su venida.  Parte de su respuesta, fue: “Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes. Todo esto será apenas el comienzo de los dolores” (Mateo 24:7, 8). Sin duda; estamos experimentando dolores de parto.

Yo sé como son esos dolores. Me despertaron a la 1:00 am el día en que nació nuestra hija. Y me pasé las siguientes once horas experimentando un dolor que nunca antes había conocido. Anhelaba que mi dolor terminara para poder estar junto a la hija que tanto había esperado.

A veces sentimos que Dios ignora nuestra aflicción. Pero el gemido aparentemente interminable de la tierra no quedará sin ser oído. Es escuchado por Aquel que dio su vida por todos los habitantes del planeta. Aquel que escucha nuestros gemidos, un día regresará por nosotros. Y así como olvidé mis dolores de parto desde el instante en que tuve a mi hija entre mis brazos, también olvidaremos nuestro dolor terrenal cuando veamos que Jesús viene a rescatarnos. Romanos 8:18, nos dice: “De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros”. Un día, Jesús cambiará nuestros gemidos en gloria –eternamente.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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