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Tiempo de Peras
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Fotografía: Studiomill
Ha comenzado la primavera y anuncian peras para esta semana en la página de anuncios del supermercado. Aunque difícilmente se pueden encontrar en esta estación del año, maduraron y luego de un largo viaje están listas para su consumo en nuestra tienda de abarrotes. ¿Por qué un anuncio del supermercado acerca de las peras captó tanto mi atención? Han pasado algunos años de aquel incidente, pero hasta el día de hoy no puedo ver peras sin pensar en Dorothy.

Vea, usted, hace algunos años mi joven esposo y yo nos mudamos a millas de distancia de nuestra conocida comunidad para trabajar como maestros en una escuelita pequeña de tan solo dos aulas. Debido a algunos problemas de transportación, no alcanzamos a llegar antes de que empezaran las clases. Para complicar más las cosas, los arriendos en ese sector eran difíciles de conseguir. Convenientemente para nosotros, nuestros enseres fueron depositados en la escuela hasta que encontráramos un lugar donde vivir. Nueva ciudad, nueva escuela, nuevos estudiantes. Y entre aquellos estudiantes estaba el hijo de Dorothy.

Desde un comienzo, sin fanfarria y sin drama, Dorothy se introdujo en el aula y comenzó a ayudarme. Me ayudó a limpiar y a organizarlo todo. Clasificó, remendó libros y pintó mi aula. Colgó los cuadros de flores de la escuela y cada vez que yo necesitaba algo, Dorothy estaba ahí. Cada día me ofrecía su sonrisa y su toque cálido para animarme. Y mi aula prosperó.

No mucho después de empezar el año escolar encontramos una casa para comprar. Nuevamente nos encontramos mudándonos y desempacando cajas justo antes de comenzar las clases. A comienzos del otoño, Dorothy se acercó a mi salón y preguntó: “¿Te gustaría que te trajera algunas peras en conserva?” “Acabamos de llegar de Okanagan y tenermos algunas extras.”

Mi Boca se Hizo Agua

Mi boca se hizo agua. Había crecido comiendo fruta en conserva y aquí, en el norte, las peras eran un manjar de los dioses. Pero no veía cómo podría envasar algunas con tanto trabajo por hacer. “Me encantaría, pero no tengo tiempo para conservarlas,” contesté, explicándole el por qué. Dorothy me sonrió. “Trae tus frascos a la escuela mañana.” Dorothy sonrió. No me miró en forma rara. Y eso fue lo que hizo.

Durante ese invierno, mientras mi esposo y yo nos dábamos un banquete tras otro con las peras en conserva, no dejábamos de pensar en la bondad de Dorothy. Ella también tenía hijos pequeños, pero aún hizo tiempo para ser la familia de una joven pareja como nosotros.

Aunque hoy estamos separadas por los años y las millas, cada vez que veo peras, me acuerdo de Dorothy. La veo sonreir y le escuho decir: “Trae tus frascos a la escuela mañana.” Ella tomó el tiempo necesario, estuvo dispuesta, no esperando nada a cambio. Es algo que quiero que sepan mis hijos y los necesitados de este mundo. Deseo que conozcan la historia que hay detrás de las peras.

Han sido muchos años disfrutando de las peras, pero nunca me canso de recordar y seguir el ejemplo de Dorothy.

“…cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo… con afán de servir, como Dios quiere” (1 Pedro 5:2-3).

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Por C. Rene Ammundsen. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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