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Mi Gato y Satanás
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Fotografía: Dreamstime
En casa tenemos un gato negro al que queremos mucho. Pero tiene un hábito que–tengo que decirlo–, me recuerda a Satanás. No, no es su abrigo negro. La característica de este gato que lo asemeja a Satanás es su persistente intento de entrar a nuestra casa. Boots es un gato para estar a la intemperie, pero le gusta entrar corriendo a la casa cada vez que encuentra la ocasión.

Todas las mañanas sucede lo mismo. Podemos mirar hacia afuera  a través de la ventana de nuestra puerta y allí está, encaramado en la baranda, mirando hacia adentro de la casa con sus penetrantes ojos amarillos. Observa cada movimiento nuestro, esperando que alguien abra la puerta. Sólo necesita un chasquido para asegurar sus garras a la puerta y abalanzarse hacia nosotros. Conoce muy bien esa estrategia de la cual ha salido exitoso en numerosas ocasiones. De manera que él se encarama en la baranda, nos observa con cuidado esperando que nos descuidemos y nos olvidemos que él está observando y esperando.

Objetivo Egoísta

Cuando finalmente se introduce al interior de nuestro hogar, se pone muy cariñoso y atrayente. Roza nuestras piernas maullando suavemente y ronroneando hipnóticamente, tratando de convencernos que de verdad nos quiere y no que nos acaba de utilizar para lograr su objetivo egoísta –su alimento. Una vez que hemos hecho lo que él quería, se va, satisfecho, sin mostrar ningún interés hacia nosotros. Hasta la próxima vez.

Bien, ¿ahora comprende por qué Boots me recuerda a Satanás? ¿Acaso no es eso exactamente lo que él hace? Él espera a la puerta de nuestros corazones y mentes, buscando la más pequeña oportunidad para introducirse en ellos. Y cuando lo hace, nos utiliza para su propósito, dejándonos vacíos. ¡Qué fraude!

1 Pedro 5:8, dice: “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”  Un león rugiente buscando a quien devorar.  Eso puede parecer espantoso teniendo en cuenta que nosotros, como humanos, nos sentiríamos bastante impotentes frente a un león hambriento y rugiente. Pero no es tan espantoso si recordamos que Jesús ya conquistó a ese león. De modo que en Jesús podemos proteger la puerta de nuestras almas. Mejor aún, podemos pedirle que sea nuestro Guardián. Cada vez que permitamos que Jesús le cierre la puerta a Satanás, nos sentiremos más facultados para vencerlo. Filipenses 4:13, dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

¡Aleluya! El poder de Jesús puede transformar a un león, en un pobre gatito asustado.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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