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Las Lecciones de Mamá
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Fotografía: Lisa F. Young
Hoy podría escribir un libro titulado, “Las Lecciones que mi Madre me Enseñó”. No podría haberlo escrito cuando era una niña, o una adolescente. Pero ahora que soy madre, me doy cuenta el ejemplo que trató de enseñarme mi madre –las lecciones que atesoré en mi mente y en mi corazón que más tarde recordaría y utilizaría.

Por ejemplo, mi madre me enseñó cómo curar la raspadura de una rodilla y sanar un corazón quebrantado. La rodilla necesitaba limpieza, medicina, un band-aid, y un beso. El corazón quebrantado necesitaba de un oído que lo escuchara, que alguien le enjugara una lágrima y la certeza de saber que “eso pasará, aquí estoy para ayudarte”.

Mamá me enseñó a ser paciente. Hubo veces en que me disciplinaron, pero siempre me perdonaron. Ella era una gran perdonadora y alguien que olvidaba pronto los agravios. Incluso aquel cuando le puse un cubito plástico que tenía una mosca de juguete dentro de su vaso de limonada.

Mi madre me enseñó a conocer el amor de Dios a través del amor de madre. Para ayudarnos a comprender mejor la calidez de su amor, Dios lo comparó al de una madre: “Como madre que consuela a su hijo, así yo los consolaré a ustedes…” (Isaías 66:13). Conozco el sentimiento cálido de ese tipo de amor consolador.

Mamá me enseñó a dejar que los niños sean niños. Yo hacía bolas de barro y las llevaba dentro de la casa. Incluso, llegué a probar una (sin permiso, claro). Grillos, mariquitas, abejas dentro de jarros y gusanos en cajas de zapatos, todos ellos pasaban la noche en mi cuarto. Sólo se asombró un poco el día que encontró a mi pony en la sala de la casa. Esa mascota en particular no pudo pasar la noche en mi cuarto.

Cada Feriado era Especial

Mi madre me enseñó a celebrar los días festivos. Cada feriado y cumpleaños eran celebrados con decoraciones, comida especial, juegos y seres queridos con quienes compartir los recuerdos. Horneábamos galletas y bizcochos aunque se hiciera un desorden. Coloreábamos y pintábamos cuadros que pusimos en la puerta del refrigerador durante años.

Ahora que mi propia hija es una adolescente me doy cuenta de que mi madre también me enseñó a volar del nido. Hace poco, le pregunté: “¿Cómo es que te mostrabas tan feliz cuando me iba los veranos a trabajar con los jóvenes, o cada vez que me iba de vuelta al internado?” Ella contestó: “Tú no veías las lágrimas que derramaba después de verte partir”. Nunca lo imaginé. Ella no me retuvo a su lado, sino que permitió que yo encontraba mi lugar en este mundo.

¿Qué lecciones le enseñó su madre? Durante este Día de las Madres, ¿por qué no recuerda algunas junto a ella? Si ya ha muerto, entonces recuérdela con un hermano u otro pariente. Si algunos de los recuerdos son dolorosos, entonces la lección que le dejó es que usted puede ser una madre diferente. Puede tener un nuevo comienzo con su hijo, y eso es algo muy valioso.

De modo que tome esas lecciones y compártalas agregando las suyas. Uno de los más grandes regalos que una madre puede recibir, es que la tradición de sus amorosas lecciones pasen de generación en generación.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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