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Lugar Santo
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Fotografía: Dreamstime
¿Qué sucedió con la santidad? Tal vez le parezca entraña la pregunta.  Pero a lo mejor no suene tan rara después de todo. Quizá usted como yo, se haya echo esa misma pregunta.

Primero, ¿qué quiere decir santidad? El Diccionario de la Lengua Española define la palabra santo a “alguien perfecto y libre de culpa; dícese de una persona bondadosa, de especial virtud, abnegación y ejemplo”. Así que según el diccionario, la santidad es algo extraordinariamente espiritual que produce un sentido de respeto más allá de la experiencia de un humano a otro.

La Biblia contiene 544 pasajes con la palabra santo. Escudriñando rápidamente, el contexto que acompaña a la palabra siempre tiene que ver con una gran espiritualidad. Un lugar santo es aquel donde se encuentra la elevada presencia de Dios. Una persona santa es aquella que se permite un gran desarrollo espiritual manifestado por Jesús en su vida. Las personas santas son un grupo de individuos que no aceptan un conocimiento genérico de Dios en sus vidas, sino que se acogen al llamamiento divino (respondiéndolo) proveniente de la mismísima voz de Dios.

Cuando Moisés estuvo en la presencia de Dios junto a la zarza ardiendo, el Señor le dijo que debía quitarse las sandalias porque el lugar que pisaba era santo. Cuando Dios establece el santuario, Él hace distinción entre el lugar santo (habitación), y el lugar santísimo. De modo que incluso entre lugares santos existe –aparentemente–, grados de santidad. También podemos ver con qué seriedad Dios trata las cosas santas a través del Antigüo Testamento. Hay casos en que aún la muerte entra en escena cuando algo que Dios había declarado santo fue tratado con irreverencia.

Pasar Momentos en Suelo Santo

Así que, ¿qué espera Dios de nosotros en cuanto a la santidad? Esto es lo que Él nos dice en 1 Pedro 1:15: “… así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir...”  Dios espera que tomemos ese riesgo. Dios es santo, y para pertenecer a Dios, nosotros también debemos ser santos. Pero, ¿cómo? Incluso los ángeles, que son verdaderamente santos, plegan sus alas en presencia de Jesús. Si ellos, en su perfección, se humillan ante Él, ¿qué oportunidad tenemos nosotros para llegar a ser santos? Pareciera que nuestra única esperanza es pasar momentos en suelo santo. Si nos acercamos diariamente al trono de Dios, humillándonos e inclinándonos ante Él, estaremos habitando en suelo santo. Además, debemos pasar cada día momentos a los pies de la cruz. La palabra clave del texto bíblico es “pies”. Lo inferior.  A la sombra de nuestro Salvador. Allí es donde está la sangre de nuestro Redentor. Es el lugar de la gracia. Es el lugar santo. El sitio donde comienza la transformación.

¿No es maravilloso que Dios sea tan claro e, incluso, severo cuando se habla de santidad? ¿Por qué no debería serlo? Sin una santidad verdadera, la aún pequeña voz del Espíritu Santo tal vez se nos escape, y Dios no puede tolerarlo. La santidad puede ocurrir en la iglesia, en la escuela o mientras usted se baña. La santidad ocurre cuando nos humillamos y nos olvidamos de nosotros mismos para tener una vislumbre de lo que Jesús es. Santidad es vaciar nuestro ser y pedirle a Dios que llene aquel espacio inmenso con el carácter transformador de Jesús.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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