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Deje a un Lado el Martillo
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Fotografía: Dreamstime
Cuando la pequeña camioneta roja abandonó nuestro hogar, miré hacia un lado y suspiré. Me pregunté si no acababa de perder unos cuantos dólares.

Había puesto un anuncio para vender un sillón. Una pareja de ancianos llegó para verlo manejando una pequeña camioneta. El hombre era delgado y arrugado y lucía una barba desaliñada y abundante. La esposa también estaba algo despeinada, con su pelo al viento, vistiendo ropa demasiado holgada.

Ellos querían comprar el sillón, pero no tenían suficiente dinero en efectivo. Me preguntaron si aceptaría un cheque. Los observé, vacilante. Una experiencia anterior me había hecho prometer que nunca más aceptaría un cheque de alguien que no conociera, pero finalmente, acepté de mala gana. Mi esposo, e incluso mis hijos adolescentes, se mostraron escépticos. “Mamá, yo no habría aceptado ese cheque”, comentó uno de ellos.

Después que la pareja se fue, recordé que la mujer había mencionado que su marido era el redactor de un periódico local. Algo dudosa, me senté frente al computador para comprobarlo a través del internet. Para mi sorpresa, no me tomó mucho tiempo averiguar que aquel pequeño hombre desaliñado  era, efectivamente, el redactor del periódico local, como también un artista que exhibía sus pinturas en exposiciones locales y en galerías de arte. Y descubrí que la señora mayor que yo había conocido, la cual lucía bastante desaliñada… era la autora de varios libros que habían sido publicados. Tiene un máster en escritura creativa y ha logrado que el mismísimo New York Times haga reseñas de sus libros.

Serenándome

¡No eran para nada como yo los había juzgado! Mientras que el conocimiento que tenía de ellos no me garantizaba que el cheque tuviera fondos, me serenó el hecho de comprobar cuán rápidamente los había juzgado basada en su apariencia exterior. Me pregunté con cuánta frecuencia he juzgado espiritualmente a los demás basándome en criterios exteriores.

Jesús nos advierte: “No juzguéis, para que no seáis juzgados (Mateo 7:1). Mientras que lo que reflejamos por fuera a menudo es un indicador de lo que somos por dentro, ciertamente no es un método infalible para saber cómo es una persona. Sólo Dios puede ver lo que hay en nuestro corazón y conocer nuestros pensamientos y motivaciones más profundas. Dios es el único que puede ver más allá de lo que somos y vislumbrar lo que llegaremos a ser. No deberíamos juzgar a los demás ya que no podemos hacerlo de la forma correcta.

El diccionario define a un juez como alguien que puede dar una opinión con autoridad, algo que nosotros en nuestra humana comprensión somos incapaces de hacer cuando se trata del corazón de otra persona. No solamente no podemos ver lo que Dios ve, sino que a menudo nuestros estándares de juicio están muy lejos de parecerse a los de Dios. Él conoce la ruta por la cual hemos transitado. Ve las victorias que nos aguardan. Ve cuán lejos hemos llegado, no sólo donde nos encontramos hoy. Él ve el orgullo en el corazón del “cristiano modelo”, y el anhelo de conocerlo en el corazón de aquel adolescente de pelo largo y ropa demasiado estrafalaria.

Cobré mi cheque al día siguiente y le di gracias a Dios por la gentil advertencia de dejar a un lado el martillo ¡y permitir que Él sea el juez!

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By
Leslie Olin. Copyright © 2008 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versione REINA-VALERA © 1995.


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