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El Poder y los Hermanos
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Fotografía: Leroy Skalstad
Yo era quien mandaba. Era más grande y más fuerte que mi hermano menor. Tuvo suerte en opinar y en escoger el juego que jugaríamos, o el rol que tendría en nuestras historias inventadas.

La mayoría de las familias enfrentan el desafío de tener que equilibrar el poder entre los hermanos. Existen roles que se adoptan por naturaleza, basados en el orden de nacimiento de los hijos. El hijo mayor, a menudo trata de complacer siendo responsable y protegiendo a los demás. Generalmente es mandón y disfruta del control que ejerce entre sus hermanos menores. El segundo hijo siempre compite para alcanzar al mayor, rebelándose a veces contra lo esperado. El hijo del medio se siente literalmente en el medio, y a menudo se adapta a los demás con tal de sentirse acogido. El hijo menor (al igual que quienes son hijos únicos), a menudo es mimado y consentido, y espera que los demás hagan sus deberes por él.

Hubo un par de cosas que mis padres hicieron para tratar de igualar las condiciones entre mis hermanos y yo.

Iguale el Terreno de Juego

Lo primero fue tener un Concilio Familiar. Cada vez que uno de nosotros tenía un problema o sugerencia que hacerle a la familia, podíamos llamar a un concilio familiar. En aquel momento podíamos presentar nuestro asunto el cual sería discutido y votado en familia. Estoy segura de que mis padres tenían derecho a veto, pero generalmente sentía que todos estábamos de acuerdo. Mis padres llamaban a un concilio familiar antes de hacer planes para nuestras vacaciones de primavera. Yo podía llamar a un concilio para discutir cambios en nuestros deberes hogareños o para quejarme de que Scott me molestaba demasiado o él mismo podía llamar a un concilio para que le permitieran ver más tiempo televisión o porque quería tomar clases de guitarra.

Lo bueno del concilio familiar es que permitía que mis padres dieran por terminada las discusiones, los argumentos y las quejas, diciendo: “Llama a un concilio familiar”. A menudo, cuando el momento de nuestro culto vespertino llegaba, ya habíamos olvidado nuestras insignificantes diferencias.

La otra cosa que hicieron mis padres y que resultó bastante útil, fue tener juegos “sin ganadores” durante los fines de semana. Uno de ellos era el Ungame®.* El tablero era básicamente un círculo sin fin (por lo tanto, sin ganador) y los diferentes cuadrados indicaban tarjetas que tenían preguntas sencillas, como por ejemplo: “Según tú, ¿cómo será la vida en 100 años?” o, “Háblanos de algo que sea hermoso para ti” o, “Nombra las 4 cosas más importantes para ti”. El punto era que nadie podía hablar durante el turno de la otra persona –ni siquiera para hacer algún comentario al final. Fue una gran lección de cómo escuchar y permitir que mi hermano menor tuviera la oportunidad de hablar y de compartir sus propios sentimientos.

No existe una guía para criar hermanos felices, pero siempre ayudará que los padres animen a cada hijo a sentirse seguro expresando sus sentimientos.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.

* Ungame® de Talicor, http//www.talicor.com


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