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Cielo 101
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Foto: Stanislav Pobytov
En mi trabajo como capellán de hospicios, a menudo he estado junto a la cabecera de alguien que recién ha fallecido. Rodeado de familiares y seres queridos, he escuchado con interés –y, a veces, con asombro–, cómo imaginan la partida de su ser amado: 

“No lloremos. Ya saben que tío Joe está pescando en este momento. ¡Y está a punto de agarrar uno bien grande!”

“Por fin nuestro padre se ha reunido con mamá y están yendo hacia el casino a jugar!”

“Puedo ver a Mary encendiendo un cigarillo. Ahora puede fumar todo lo que quiera”. (Mary falleció debido a un horrible cáncer al pulmón).

“Ahora el abuelo se está comiendo un Big Mac cómodamente sentado en el sillón de cuero negro que siempre deseó tener.”

Aunque ninguno de nosotros sabemos exactamente cómo será el cielo, la Biblia nos revela bastante acerca de nuestro futuro hogar, de manera de disipar cada una de estas falsas ideas. Apocalipsis 21: 3-4 pinta una imagen tierna de nuestro amoroso Dios, enjugando personalmente cada lágrima de nuestros ojos. En ese pasaje bíblico, Dios nos asegura que en el cielo “no habrá más muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.”

¡Piénselo! No habrá más muerte –no sólo para las personas, sino para toda la creación de Dios. Y eso incluye al pescado y al ganado. Así que ir de pesca, comerse un Big Mac y tener un sillón de cuero, estará fuera de lugar por razones obvias.

¿Permitirá, Dios, que el aire puro y fresco del cielo sea contaminado por el humo y los gases? ¡De ninguna manera

Ni Llanto, ni Lamento ni Dolor

¿Gastaremos dinero en las máquinas tragamonedas y luego regresaremos enojados después de haberlo perdido todo? No creo.

“…no habrá más llanto, ni lamento ni dolor” (Apocalipsis 21:4).

La raíz de estos conceptos erróneos se debe a una falsa presunción. Que el cielo será como la tierra –una mera extensión de la vida que vivimos aquí. ¡Nada podría ser más alejado de la verdad!

De hecho, si el cielo será como la tierra, ¿para qué querríamos ir allí?

A través de las Escrituras se nos recuerda que Dios es santo, y su lugar de morada en el cielo también es santo (Salmo 11:4; Levítico 19:2; Isaías 6:3). A nosotros también se nos insta a ser santos (Efesios 1:4; 1 Pedro 1:15). ¿Por qué? Porque Dios desea que nos preparemos para vivir con Él en el cielo, que es un lugar santo.

Pero, ¿cómo podemos llegar a ser santos? Debido a nuestros méritos, por cierto que no. Ah, sí… podemos limpiar nuestras acciones un poquito luciendo mejores personas por fuera. Pero no podemos cambiar nuestros corazones. Sólo Dios puede hacerlo. Cuando rendimos nuestras vidas a Jesús, le damos permiso al Magistral cardiólogo para que nos transforme desde el interior.

Entonces, día a día, permaneciendo en una estrecha relación con el Señor, ocurre el cambio; llegamos a ser santos, así como Dios es santo. Pero el primer paso es la rendición –permitiendo que Dios tome el volante – entregándole el control de nuestras vidas al Señor. Ahí es donde comienza todo.

Por encima de todo, Dios desea que usted esté en cielo con Él. ¿Qué me dice? ¿Le rendirá su vida, hoy?

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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