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Medio Muertos
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Fotografía: Dreamstime
Hace algunos días decidí hacer unas compras temprano por la mañana, antes de irme al trabajo. Me gusta ir a esa hora porque hay más silencio y las personas, incluyéndome yo misma, no están cansadas y desgastadas por las actividades del día. Bueno, excepto el repartidor de los productos Little Debbie.

Sentado en el suelo al estilo indio, había un hombre de unos cincuenta años de edad  que acomodaba en los estantes del supermercado varios productos Little Debbie.

Tratando de alcanzar una caja de barras de granola para mi desayuno, le dije: “Buenos días, ¿cómo está, usted?” Confieso que no estaba tan interesada en su respuesta. Sólo estaba realizando el diálogo de rutina que todos hacemos cuando pasamos brevemente junto a otro ser humano que se cruza en nuestro camino.

“Estoy medio muerto. Y cada día se pone peor”.

¡Ay, no! ¿Hablaba conmigo? ¿Medio muerto? ¿Cada día poniéndose peor? Yo no le pregunté eso. Yo quise ser, usted sabe, una persona amable. ¿O no? Quiero decir, ¿es agradable preguntarle a alguien cómo está, si usted no quiere saber como está realmente? Lo admito, sí; él habló conmigo. Y, siendo una persona cortés, yo no podía seguir caminando y sólo decirle –“qué bueno”–. Le habría contestado así si él me hubiese mentido.

“Lo siento,” contesté. Luego pensé en lo que me dijo y me di cuenta de que si iba a ser honesta, tendría que estar de acuerdo en que también yo me sentía medio muerta. ¡Así que lo hice! “Comprendo lo que quiere decir.”

“Sí, este invierno está a punto de matarme. Estoy hastiado de despertarme día a día y descubrir que hay más nieve y hace más frío.”

“Yo también”, pensé.  “¡Yo también!”, contesté.

“¡No le debería decir a la gente que estoy medio muerto! Sólo que…”

Ahora me estaba animando. “¡No se preocupe! Sé cómo se siente,” agregué con fervor. “Hemos tenido el invierno más largo en muchos años y usted está siendo honesto al reconocerlo”.

Recordé Mi Petición

Luego noté que lucía bastante deprimido. Así que recordé la petición que le hice a Dios aquella mañana al pedirle que me ayudara a realizar un acto bondadoso aquel día. ¿Era este? Si era el caso, no quería echarlo a perder.

“Bueno, por lo menos ya es febrero. Estamos más cerca de la primavera”.

Continuamos hablando hasta que los dos nos sentimos un poquito mejor que medio muertos. Estaba a un paso de la dirección correcta, de todos modos. Finalmente, tomé la caja de barras de granola y le dije: “Bueno, que le vaya bien”.

“Espero que así sea… Gracias por escucharme”, me dijo sonriendo.

Escuchar. Sí, creo que lo escuché. No planeé hacerlo, pero sucedió. Pero no debido a mí. Sucedió debido a él. Porque fue lo suficientemente honesto como para decirme cómo se sentía en vez de pretender que todo estaba bien.

Me hizo pensar en Dios. Él es un gran oyente. Mucho mejor que yo. Pero incluso Dios no puede ayudarnos si no somos honestos con Él. Jesús, dice: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” Mateo 11:28, 29.  Por supuesto que Él ya sabe cómo nos sentimos. Pero cuando nos sinceramos con Él y compartimos todo con honestidad, aunque nos sintamos medio muertos Él puede darnos el descanso y el ánimo que nuestras almas necesitan.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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