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Distribuyendo Bendiciones
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Fotografía: Rohit Seth
La Biblia define a la mayordomía como el acto de servir a Dios llevando a cabo un tipo de administración —distribuyendo las riquezas de Dios dentro de Su familia; o sea, todos aquellos que han llegado a ser Sus hijos a través de la fe en el Señor Jesús (Juan 1:12-13). Ser un buen mayordomo significa que debemos aprender a ser fieles en nuestra tarea.

Una de las maneras en que debemos ser fieles en nuestra mayordomía es enfocándonos en la venida de Jesús mientras cuidamos las preciosas vidas que Él nos ha confiado. Es interesante notar que la palabra griega para mayordomía encontrada en 1 Corintios 4:1, posee la misma raíz que las palabras economía y distribución. Quiere decir un mayordomo que distribuye, un administrador del hogar o alguien que reparte el suministro entre sus miembros. Eso no significa obsequiarle cosas materiales a nuestros hijos; significa revelar a Cristo a través de nuestras acciones y actitudes y de nuestro estudio de las Escrituras. Y no está hablando de “nosotros” como “padres buenos”, sino de revelar la verdad de Cristo como el Salvador y su inminente regreso. ¡Qué privilegio y desafío!

Sensación de Paz

Mi vecina Jeanette, que tiene alrededor de 70 años de edad, el otro día compartió conmigo algunos recuerdos de sus abuelos. Recordó cómo le encantaba ir a casa de ellos o que vinieran a la suya. Al visitarlos con su madre, a menudo los encontraba sentados junto a la mesa, frente a frente, cada uno con su Biblia y su himnario a la mano. Uno de ellos compartía un versículo bíblico y el otro escogía un himno para cantar con ellas. Y no es que lo hicieran en forma rutinaria; compartían textos y cantaban durante un buen rato. A Jeanette le gustaba mucho estar con ellos. Sentir aquella sensación de paz que rodeaba esa experiencia y que hoy la hacen aferrarse a esos mismos himnos que tiempo atrás cantara con ellos. Sus abuelos fueron buenos mayordomos.

Antaño las familias ricas tenían mayordomos que eran los responsables de cuidar la distribución de lo que necesitaban en sus vidas –alimento, ropa y otras cosas. Las familias acomodadas generalmente gozaban de abundancia de productos y el mayordomo era el responsable de suministrárselos. Nuestro Padre celestial es sumamente rico. Él posee un almacén de abastos para distribuirlo entre sus hijos. Pero eso requiere de un mayordomo fiel.

Ser padres no es sólo guiar a nuestros hijos a través de la enseñanza, como tampoco el darles cosas. No tiene que ver con nosotros. Es una comisión divina que tiene que ver con poner al alcance de todos la verdad acerca de un Dios abundante, de Su eterno amor y de Su bondad infinita.

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Por Susan E. Murray. Reimpreso con el permiso de Lake Union Herald, enero 2008. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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