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Sea un Termostato
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Fotografía: Linda DuBose
No hace mucho escuché a un predicador decir que existen dos tipos de personas: termómetros y termostatos. Aquellas tipo termómetros reflejan la temperatura a su alrededor. Las de tipo termostato, por el contrario, son las que ponen la temperatura en el mundo que les rodea.

Bueno, creo que tiene razón. Este no es exactamente un nuevo concepto, sino algo que nos hace pensar, especialmente cuando tiene que ver con la temperatura espiritual. Hablando por mí misma, creo que he sido de los dos tipos de persona. Me he ambientado a la temperatura que han puesto los demás y también he sido quien la ha proporcionado. Los dos tipos de personas están bien en la correcta medida, pero cuando tiene que ver con elecciones personales me parece que es mucho mejor ser un termostato. Eso es si nuestra fuente de poder es el Espíritu Santo.

Con demasiada frecuencia llegamos a sentirnos cómodos con la temperatura que nos rodea. Generalmente, esa temperatura es agradable: ni demasiado caliente ni demasiado fría. No tenemos que levantarnos y ocuparnos de enfriar el ambiente, como tampoco refrescarlo para evitar quemarnos. Es agradable, cómoda, tibia.

Tibios

Ay, ay, ay. Tibios. Para los cristianos esa es una banderita roja. Esa es la palabra que utilizó Jesús para describir a las personas que ni estaban con Él, ni en contra de Él. Es la palabra que Él utilizó cuando dijo que los escupiría de su boca, porque le repugna la tibieza (Apocalipsis 3:16).

Por eso es mejor ser un termostato. Un termostato que está conectado al Espíritu Santo posee la capacidad para ofrecer la cantidad exacta de calor o frío.  Cuando Dios nos llama a seguir adelante en nuestra fe o ministerio, el termostato sube. Si Dios nos llama a refrescarnos y a confiar aún en momentos de persecución, el termostato del Espíritu es accionado y baja nuestra temperatura. Nos mantiene despiertos y activos.

La Biblia está llena de ejemplos de termostatos como Moisés, José, Ester, Josué, Job, los discípulos y, por supuesto, Jesús. No siempre las cosas fueron como ellos querían, ya que debieron oscilar entre temperaturas cálidas y frías para estar seguros. Pero nunca fueron tibios. Ponían la temperatura a su alrededor permitiendo que el Espíritu Santo operara el termostato.

En un mundo espiritualmente apático, seamos cuidadosos para no convertirnos en sólo termómetros, reflejando la cómoda tibieza de la irresolución. Sino que contáctese con la Fuente de Poder y ponga la temperatura que refleje su identidad espiritual. Sea un termostato.

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Por Gwen Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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