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Inversiones Sabias
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Fotografía: Dreamstime
El mundo de las inversiones financieras siempre me ha desconcertado. Nunca he comprado ni vendido acciones y tampoco podría diferenciar un fondo de inversión mobiliaria de una anualidad o bonos. Aunque mi esposo y yo contribuimos con los fondos de nuestra jubilación, dejo felizmente la administración de ellos en las expertas manos de nuestro consultor financiero. El único principio de las inversiones que sí conozco es que habrá momentos buenos y momentos malos. Durante los años buenos, las inversiones crecen rápidamente, mientras que los años malos traen consigo pocas ganancias e, incluso, pérdidas. Sin embargo, y a pesar de las alzas y bajas, invertir consistentemente trae como resultado un crecimiento financiero a largo plazo.

Aunque carezco de entendimiento en el mercado de valores, erraría al decir que no soy una inversionista. Cada hora y cada día que pasan tomo decisiones con respecto a aquellas inversiones que impactarán mi futuro y el futuro de mi familia.

Invierto en mi matrimonio cuando realizo esfuerzos al preparar una agradable cena para mi cansado esposo en vez de decirle que se prepare él mismo algo de comer. O cuando mantengo la casa ordenada y tengo su ropa limpia y planchada. O cuando demuestro interés por aquellas cosas importantes en su vida en vez de esperar siempre que sea él quien provea por mis necesidades y me escuche a mí primero. Yo invierto en mi matrimonio cuando escojo ser fiel, aunque parezca fácil hacer las cosas de otro modo.

Invierto en mis Hijos

Invierto en mis hijos cuando les leo libros o juego con ellos en vez de que estén frente al televisor todo el tiempo. Lo hago cuando me siento a la mesa y converso con ellos en vez de apurarlos con la comida, de manera que después pueda cenar en soledad y pacíficamente. Invierto en ellos cuando leo su lección de la Escuela Sabática y oro antes de que se duerman en vez de hacerlo en forma apresurada para que “mi tiempo” de descanso comience de una vez.

Invierto en mi vida espiritual cuando pongo la alarma del reloj una hora antes para tener un momento a solas con Dios, en vez de dormir un poco más. Lo hago cuando priorizo la asistencia a la iglesia antes de otras actividades atractivas del sábado por la mañana. Cuando escojo material de lectura, música y programas de televisión que eleven mis pensamientos en vez de sucumbir en un entretenimiento que adormece la mente. Invierto en mi vida espiritual cuando defiendo la verdad en vez de caer en un silencio inhibidor.

Tal vez no invierta demasiado en el mercado de valores, pero escojo diariamente cómo invertiré mi tiempo y energía. Al igual que las inversiones monetarias, mis inversiones (incluso las más sabias), no me garantizan un éxito total. Existen días buenos y días malos. Mi matrimonio puede enfrentar desafíos, mis hijos pueden hacer malas decisiones y meterse en problemas y mi vida espiritual puede tener alzas y bajas. Sin embargo sé que invertir en forma sabia y consistente producirá a largo plazo grandes dividendos para la eternidad.

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Por Hannah Henry. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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