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Orar por Cosas Pequeñas
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Fotografía: Ken Hurst
Un anuncio en la iglesia hizo que todos nos arrodilláramos. Madison, un niño de diez años de edad, había sido diagnosticado con cáncer linfático. Eso era, prácticamente, una sentencia de muerte. Como un solo cuerpo, los hermanos de la iglesia elevamos nuestras oraciones al cielo.

No tenía problemas en orar por Madison para que Dios hiciera Su voluntad. Siempre es fácil orar por nuestra seguridad cuando debemos realizar un largo viaje, por mis nietos no nacidos o por los misioneros y obreros bíblicos que viajan por el mundo. Pero cuando tiene que ver con las cosas pequeñas de la vida, trato de no involucrarme. Pero esta semana he aprendido una gran lección.

Escribo en forma independiente y trabajo duramente para sostenerme en base a mis proyectos. El último es la compilación, diseño y edición de un boletín para un grupo de escritores viajeros. La compilación y la redacción es pan comido; pero el diseño es casi una pesadilla. A mi edad, las computadoras no son como mi segunda piel. No me introduje en las maravillas de la electrónica sino hasta hace dos décadas y he mantenido un ritmo de distensión problemático desde entonces.

¿No Tan Importante?

El que me ofrecieran más dinero por diseñar el boletín fue lo que me hizo sellar el trato. El programa o software me llegó por correo y con la debida aprensión abrí el paquete y comencé a estudiarlo. Luego de unos días, empecé a despertar con dolor de estómago. No había forma de que pudiera utilizar aquel software para diseñar el boletín. Hasta que durante mis oraciones de mañana, Dios me preguntó por qué no había orado acerca de ello. Mi respuesta fue: “No pensé que fuera tan importante”.

No estoy segura de dónde comenzó esa creencia, pero pronto me di cuenta que aquello era una mentira y que mis más simples oraciones eran importantes para Dios. En Mateo 21:22 se nos dice que oremos y que recibiremos lo que pidamos, si en verdad lo creemos. Y a personas como yo, que a veces no sabemos cómo orar, se nos ha dado la siguiente promesa: “Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras” (Romanos 8:26).

La siguiente vez que me senté frente al computador, oré. Oré por una mente más abierta, una mente más clara y por más inteligencia. Mi oración fue contestada. Debo admitir que aún no soy una experta, pero estoy aprendiendo cada vez más acerca del sowftare y de lo que le interesa a mi Padre Celestial.

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Por Dee Litten Reed. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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