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Un Puñado de Maleza
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Fotografía: Hemera
Esa mañana mientras llevaba a la escuela a mis hijas, había una espesa niebla y un aire cortante al bajar la montaña. Me aprontaba a enfrentar una ardua mañana disfrutando de la pasividad de aquel amanecer cuando el mundo recién despertaba.

Luego de abrazar y besar a mis hijas cálidamente, me dispuse a subir nuevamente la montaña. Me gusta disfrutar de un momento a solas, orando por mi esposo y por mis hijas. Aquella mañana, mientras iba caminando por las curvas del camino, miré hacia un costado de la colina y vi un diminuto parche blanco, como de margaritas. Me detuve.  Estoy segura de que aquellas florecitas silvestres son consideradas un cierto tipo de maleza. Pero lo es para alguien que no encuentra ninguna belleza en ella. Para mí, eran tiernas y bellas. Me agaché y comencé a recoger varias florecitas hasta que tuve un hermoso ramillete para llevar de vuelta a casa.

Me gusta caminar tan rápidamente como me sea posible por aquellas mañanas. Es mi ejercicio diario. Pero esa mañana me puse a meditar en el regalo que Dios había puesto en mis manos. Luego pensé en la maleza y en lo que ella representa.

Ese puñado de flores que llevaba entre mis dedos no poseía ningún valor terrenal, pero Dios las había creado por alguna razón. Parte de la vida es así. Existe “maleza” que pasamos por alto cada día. ¿Que sucedería si nos detuviéramos a observar la belleza que Dios nos ha proporcionado?

Apurados

Como esposa, madre y ama de casa ocupada –además de trabajar desde mi hogar–, siempre estoy apurada.  Cada día hay una lista de cosas que deben ser realizadas. Tareas como limpiar la cocina, recoger a las niñas de la escuela y lavar la ropa sucia que nunca falla  y que me hacen estar constantemente apurada, deseando que exista una forma mágica en que, con un chasquido de dedos, el trabajo desaparezca.

No es que no me guste hacer esas labores, pero muchas de ellas  parecen maleza en mi sendero, en vez de suaves piedrecitas que harían mi vida más llevadera.

Me encanta lavar la ropa, pero no cuando estoy tan urgida de tiempo que debo apresurarme para finalizar mis quehaceres. Me gusta cocinar, pero no cuando estoy tan apurada que desordeno más debido al poco tiempo que tengo para terminar todo.  Disfruto a mis hijas, pero no cuando no tengo tiempo para sentarme a su lado y acurrucarme junto a ellas.

Tal vez debamos cortar parte de aquellas actividades menos importantes en la vida o repensar nuestros horarios de modo de no estar siempre apurados. ¿Qué tanto se esfuerza usted para que le alcance el tiempo? ¿Lucha por mantener su ritmo de vida?

Dios le ha dado a la mujer un plan de lo que Él desea que seamos. Todas somos diferentes y Él nos ha dado talentos únicos y grandes anhelos. Su plan para nuestra vida es que gocemos el trayecto, que vivamos una vida plena de gozo.

Debiéramos transitar con lentitud a lo largo del sendero que Dios nos ha mostrado para poder observar la belleza que Él creó. El Señor nos ha proporcionado labores que nos brindan satisfacción. No pierda la oportunidad de descubrir el gozo de la vida debido a que no tiene tiempo para hacerlo.

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Por Melissa Ringstaff. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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