Home > Archives > La Biblia Dice >
.
Robles y Tormenta de Hielo
.
Foto: Elena Elisseeva
Recientemente tuvimos una tormenta de hielo bastante devastadora en Iowa. Durante dos días y dos noches, mi esposo y yo carecimos de electricidad en nuestro hogar. Como todos saben, siempre que un hogar queda sin electricidad, más que un inconveniente es una calamidad. Al principio realizábamos los usuales actos de encender un interruptor o una estufa, recordando luego nuestra dependencia patética de la electricidad en nuestras actividades diarias. Después del primer día, sin embargo, aquel inconveniente fue reemplazado constantemente por detalles más cruciales sobre cómo mantener el calor dentro del hogar.

Aunque lo más doloroso para nosotros de aquella experiencia no fue eliminar el inconveniente; ni siquiera la incomodidad que acarrea el frío. La tragedia mayor para nosotros eran los centenares de árboles que perdieron sus gigantescas ramas debido al peso del hielo. Cada ciertos minutos podíamos escuchar el sonido de un enorme crujido, parecido a un disparo de fusil proveniente de diferentes lugares de nuestra propiedad. Precipitándome hacia la ventana, podía descubrir otra rama caída, dejando expuestas grandes grietas en el troncode mis amados árboles. Cada quiebre causaba un gran dolor en mi alma.

Conexión Espiritual con los Árboles

Pienso que debo tener un tipo de conexión espiritual con los árboles. No es que crea en la reencarnación. No; no creo que alguna vez fui un sauce llorón en otra vida. Sólo que amo los árboles. Pero no podría afirmar que mi lamento no haya compartido por otras personas. Generalmente escuchaba que las personas decían cosas como, “¡qué desastre!” mientras observaban cómo quitaban del suelo las pilas de ramas de árboles. Pero yo sentía una verdadera tristeza por mis amigos heridos. Aquellos árboles que había visto crecer junto a nuestros hijos.

Uno de ellos se destacó durante aquella invasión de hielo. Un roble. Un majestuoso, antigüo y enorme roble que hemos tenido por muchos años y que llamamos Viejo Roble.  Mientras que el hielo había saturado las ventanas, los caminos y los árboles a nuestro alrededor, allí estaba el Viejo Roble, erguido y aparentemente sin haber sido tocado por la tormenta. Cuando lo miré, casi pude sentir el mensaje de ánimo que les enviaba a los demás árboles más pequeños y más débiles:

Resistan –parecía decirles. Tal vez se hayan roto algunas de sus ramas, pero no están vencidos. Pueden estar heridos, pero sanarán y serán más fuertes que antes. Yo también he sido herido. Pero me ha servido para que nazcan otras ramas en mí. Ramas más altas y que rozan otros árboles cerca mío. Yo también he sido herido. Pero mis heridas han sido como un símbolo para los demás árboles. He sentido frío, pero nunca he visto que el sol no aparezca y no haga fundir el hielo de mis ramas, convirtiéndolo en charcos. Charcos que nutren mis raíces nuevamente.

Me conmovió comprobar la correlación que existe entre el Viejo Roble y Jesús. Jesús está a nuestro lado en cada tempestad. Cuando estamos a punto de quebrantarnos, Él nos recuerda que también pasó por ello. Lo hizo por nosotros. Nos recuerda que, como Él, nuestro quebranto puede hacernos más fuertes y nuestra influencia de mayor alcance. Cuando somos heridos, Jesús nos recuerda Sus heridas y que por ellas nosotros obtenemos curación (1 Pedro 2:24). Cuando sentimos frío, Él nos recuerda que el calor del Hijo siempre reaparecerá para derretir las tempestades de la vida y para nutrir nuestras raíces con Su amor.

Aún lamento la pérdida de aquellas ramas, pero me siento agradecida por las lecciones aprendidas a través del Viejo Roble.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase a
______________________________

Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2008 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.