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Dejando un Legado
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Fotografía: Linda DuBose
Mientras Alissa y Barry disfrutaban el mes pasado de su cena en Dr. Salamis Café, en Pella, Iowa, un señor de mediana edad se acercó a su mesa para hablarles. Afirmando que acababa de detenerse para ponerle gasolina al carro y continuar su viaje hasta hasta Des Moines, pensó que sería una buena idea comprarle un coche a alguien.  También les contó que en numerosas ocasiones había comprado carritos de Wal-Mart llenos de comestibles para unos cuantos compradores asombrados.

Luego de enterarse que Alissa era madre de un niño de dos años, el desconocido depositó un cheque en blanco sobre la mesa y les pidió que le pusieran una cifra. Pensando que era un chiste, la pareja escribió cien mil dólares. El hombre firmó el cheque y les aseguró que sería muy bueno para ellos.

Antes de salir hacia Des Moines, el misterioso hombre les hizo saber las estipulaciones que le pondría a su regalo. Alissa y Barry no revelarían su identidad ni su apellido. Comprarían o edificarían su casa con ese dinero. Y si la pareja tenía un hijo varón, le pondrían el nombre de su benefactor.

¡Ah, sí! El viajero salió del lugar dejándole una propina de cien dólares a la mesera.

¡Imagine la alegría y el asombro de la pareja cuando unos días más tarde cobró el cheque que asumían era falso!

Anhelo de Ser Recordado

¿Qué lo impactó de esta historia? A mí no fue la generosidad del filántropo,  aunque es notable. Fue su deseo de ser recordado –de pasar a la posteridad. El rico desconocido, que se lamentaba de no tener nietos, deseaba que un niño llevara su nombre y que ellos vivieran en el hogar que proveyó para la pareja.

La mayoría de nosotros deseamos ser progenitores, lo cual nos hará tener nietos. Algunos, sin embargo, por diferentes razones escogen no procrear. Otros tratan desesperadamente de concebir y se disilusionan profundamente cuando sus ruegos “por un bebito” no son contestados, aparentemente.

Muchos de ellos han tenido hijos, pero los han perdido en accidentes, guerras, enfermedades o en forma inesperada. Estoy convencida de que no hay dolor más grande que la pérdida de un hijo, aún cuando él o ella sean adultos.

Si usted tiene hijos o nietos en este momento, atesore cada hora preciosa que pasa con ellos, a pesar del trabajo o la frustración que a veces puedan causarle. Porque los hijos realmente son una bendición del Señor.

Si no tiene hijos y desea tenerlos, ¿ha considerado la adopción? No lo digo en el sentido legal de la palabra, pero como un compromiso emocional. ¿Ha pensado en invertir en alguna persona de cualquier edad que tal vez no tenga padres?

Hay muchos niños y adultos que han perdido a sus padres ya sea porque han fallecido, porque los han abandonado o por falta de atención. Acercarse a uno de ellos y darles ánimo y apoyo o, tal vez, ofrecerles tutoría, es un regalo inapreciable. Y al dar, usted descubrirá que su propia vida es enriquecida y bendecida en forma inesperada acogiendo a alguien bajo su tutela para fortalecerlo.

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Por Kathy A Lewis. Derechos © 2011 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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