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¡Leer!
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Foto: Monika Adamczyk
Hace poco leí que un colegio deseaba saber si sus estudiantes habían gozado de “privilegios” educacionales cuando pequeños. Lo más curioso del ejercicio es que algunos de los artículos indicaron la presencia de una cucharita de plata al nacer.

Uno de los indicadores fue el hecho de que sus padres les leyeran en voz alta cuando eran niños. De algún modo, el que sus padres lo sentaran delante de un libro y les leyeran, era como viajar a Europa o haberles regalado un automóvil cuando eran adolescentes. Sentí algo de consuelo al saber que yo les había regalado a mis hijos el equivalente a las llaves de un Mustang rojo, o un viaje a Europa por haber pasado unos cuantos minutos leyéndoles cuentos cada noche cuando eran pequeños. Fue mucho menos costoso que el carro o el viaje –cosas que yo no habría podido pagar de todos modos.

Mis padres hicieron lo mismo conmigo y mis hermanos. En mi adolescencia, cuando quería ir a diferentes lugares y conocer otras personas, no estaba seguro que leer equivalía a tener un coche nuevo. Tuve que tener mis propios hijos para apreciar esa sabiduría.

Los niños que tienen acceso a los libros y cuyos padres les leen a menudo, dejándoles como herencia la importancia de la lectura, son privilegiados. No importa si crecen en una mansión en los Hamptons o en una choza junto a la vía férrea. Un niño que lee, que se siente cómodo leyendo y ansioso de utilizar los libros, tiene una ventaja sobre aquellos que no aprecian la lectura. Un niño que siente amor por los libros puede ir a cualquier lugar del mundo –o más allá– sin salir nunca de su casa.

Aventajados

Cuando los niños que aman la lectura se convierten en adultos, son seres aventajados. Aprenden más rápido y necesitan menos guía. Su capacidad de leer y de escribir les permite explorar en forma independiente. En la era de la información el conocimiento es poder. Aquellos que pueden obtener poder a través de los libros no se quedarán viviendo en una casucha.

El leerles a los hijos cuando son pequeños los ayuda a quitar el misterio que existe en ello. Los familiariza con el concepto de obtener información a través de un texto. Les demuestra que usted pone énfasis en la lectura –que usted cree que leer vale la pena y que es valioso pasar haciéndolo cada tarde.

También les demuestra que ellos son importantes para usted. Y es que prefiere sentarse con ellos y leer un libro, que sentarse frente al televisor y vegetar. El tiempo que usted pasa con ellos es de calidad, tiempo que no le cuesta nada más que unos pocos minutos lejos del televisor.

Los niños aprenden a través del ejemplo. La lectura les otorga uno que utilizarán con sus propios hijos. Eso lo convierte en una inversión, tanto en su futuro como en el de ellos.

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Por Mark Lardas. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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