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Hogar, Dulce Hogar
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Foto: Ian Alexander Martin
El camión de la mudanza ya ha llevado toda la mudanza a su nuevo hogar.  Usted ha realizado la parte más estresante de ella, ¿verdad? ¡No necesariamente! 

Unos pocos meses después de mudarnos a Michigan donde mi marido asistía al seminario, llegó a mis manos una lista de señales de depresión. Me impactó descubrir que sufría casi cada uno de sus síntomas. Ajustarse a los cambios que significaba mudarse a otro lugar era más desafiante de lo que había anticipado. Adoraba mi antigüo hogar, su comunidad y el grupo de amigos que tenía allí.

Nuestra nueva casa no se sentía como un “hogar, dulce hogar”. Con el tiempo descubrí muchos detalles que me gustaban, apreciando el área y aprendiendo algunas cosas que me ayudaron a evitar “la melancolía de la mudanza”:

Consejos para Evitar la Melancolía de la Mudanza

1. Dése un Tiempo. Una vez escuché que hay que darse seis meses de ajuste después de una mudanza, y he descubierto que es un buen consejo. Si el mudarse de lugar le ha alejado de su familia y amigos, dése permiso para llorar esa pérdida. Durante unos meses después de nuestra mudanza sentía la punzada de la soledad cuando divisaba un coche que me parecía familiar y de inmediato pensaba: “Ah, ahí va…” , para darme cuenta que esa persona estaba a miles de millas de distancia. Es normal extrañar a la familia, a los amigos, a la iglesia, aún aquellos lugares favoritos donde usted solía ir de compras. No se desaliente; aunque todo parezca extraño y no le sea familiar, finalmente se sentirá muy cómodo en su nueva comunidad.

2. Busque detalles interesantes en el área. He alentado a mis hijos a descubrir todos los aspectos positivos de una mudanza. Habrá nuevos amigos que conocer, nuevos sitios para ver, nuevas experiencias que disfrutar. Hay cosas positivas y negativas en cada lugar. Busque lo positivo y usted se sorprenderá de las extraordinarias oportunidades que le aguardan. A pesar de lo estresante que es tener a mi marido en clases todo el tiempo, recuerdo los momentos pasados en la playa, los generosos frutos que plantamos, la estupenda iglesia a la que asistíamos y todos los amigos maravillosos que jamás hubiéramos conocido de no mudarnos a ese lugar.

3. ¡Involúcrese! Poco después de mudarnos nos invitaron a unirnos a un grupo local de educación en el hogar. Mis hijos me suplicaban que no fuéramos. “No conocemos a nadie”, insistían. La noche anterior casi me convencí de quedarme en casa. La depresión me arrastraba nuevamente luego del entusiasmo inicial y podía entender el razonamiento de mis hijos. Al próximo día determiné que no me sentaría a compadecerme de mí misma. Asistiríamos a aquella reunión y conoceríamos a nuevos amigos. Fuimos y durante todo el camino de regreso a casa mis hijos hablaban con entusiasmo acerca de volver la próxima semana. Estaba tan contenta de que hubiéramos ido. Busque oportunidades para involucrarse y antes de darse cuenta usted tendrá a su lado un nuevo grupo de apoyo.

No olvide que Dios le ha puesto exactamente en el lugar donde Él desea que esté. Puede tener un ministerio especial esperando por usted, oportunidades que nunca soñó para crecer espiritual, emocional y profesionalmente.

El mudarse de lugar es a menudo una experiencia agridulce en nuestra vida. Para mí siempre ha sido un momento para vislumbrar las alegrías de la Nueva Tierra, donde nunca más tendremos que despedirnos. “¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!” (Apocalipsis 22:20).

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Por Leslie Olin. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión REINA-VALERA © 1995.


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