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Equipos para Nuestros Hijos
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Fotografía: Ratnesh Bhatt
Crecí viendo, jugando, comiendo y viviendo fútbol, conocido en este país como soccer. El soccer es un deporte sencillo sin muchas reglas. Hay diez jugadores y un guardameta o arquero, dos períodos de 45 minutos cada uno y un juego se realiza prácticamente sin parar. Asi que cuando vine a vivir a los Estados Unidos y observé por primera vez un partido de fútbol norteamericano, quedé desconcertado por el contacto físico, los jugadores corriendo por el campo de juego y deteniendo la acción en varias oportunidades. Un par de años más tarde alguien me explicó cómo se juega el fúlbol norteamericano. Entonces comencé a disfrutarlo. En él descubrí varias lecciones espirituales que nos servirán para criar a nuestros hijos.

Un equipo de fútbol realmente son tres equipos en uno: ofensiva, defensiva y equipos especiales. La función de la ofensiva es moverse hacia la meta y apuntar tantos puntos como se necesiten para ganar el juego. La defensiva debe detener al equipo opuesto y no permitir que realicen puntos. Los equipos especiales deben ayudar tanto a los de la defensa como a los de la ofensiva a alcanzar la meta de ganar el juego y derrotar al adversario.

Los padres necesitan realizar la tarea crucial de criar a sus hijos en forma tan similar como se hace con un equipo de fútbol:

1. Ofensiva: Influencia del Hogar. Un hogar ganador proporcionará a los hijos un ambiente sano donde reciban los nutrientes y la protección que necesitan para crecer sanos y fuertes. Esto incluye comidas nutritivas, ropa apropiada y un ambiente donde se sientan amados y reafirmados. Aparte de eso requieren una comunión diaria con Dios a través del estudio de la Biblia y de la oración, de modo que su naturaleza espiritual pueda fortalecerse y esté lista para las batallas diarias contra el enemigo de las almas. Elena G. de White lo escribe en forma muy perceptiva: Sin una ofensiva fuerte, los otros dos equipos tendrán una batalla ascendente.

2. Defensiva: Vida de Iglesia. Así como es de importante la vida familiar, también debe complementarse con lo que la iglesia debiera ofrecer —una Escuela Sabática donde las lecciones aprendidas en el hogar sean reforzadas, un servicio de adoración atractivo y significativo, donde los hijos sean llevados más cerca de Dios y se los anime a través de la confraternidad con los demás creyentes. Por eso Pablo escribió que “no dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

3. Equipos especiales: Instituciones Educativas Cristianas. Luego que los padres y la iglesia han realizado sus esfuerzos para avanzar hacia la meta final, viene la influencia de un buen colegio cristiano. Maestros convertidos y un personal dedicado pueden proteger las mentes y los corazones de nuestros hijos en el amor de Dios y en la esperanza de la salvación eterna. Lo que fue empezado en el hogar y continuado en la iglesia, debe ser complementado por una institución cristiana al preparar a los estudiantes para una vida de servicio en este mundo y una vida abundante en la tierra prometida.

Las batallas deportivas no pueden siquiera compararse a la guerra que nuestros hijos enfrentan. Que podamos aprovechar cada minuto al emplear los tres equipos –el hogar, la iglesia y las instituciones cristianas– para hacer de nuestros jóvenes verdaderos ganadores en esta vida y por la eternidad.

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Por Claudio Consuegra. Párrafos reimpresos con el permiso de Mid-America Outlook, mayo 2007.  Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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